Tamara casi no había dormido; pasó la noche fortaleciendo su plan de la residencia con Grillo y convirtiéndolo en un evento mediático de música, compras, jugos, una feria donde el cantante era el foco principal de la noche. Algo tan grande como para sacar a su papá de su jubilación, la cual parecía estar disfrutando demasiado con su eterna novia. Alma no iba a estar feliz de dejar de soñar y pasarse el día revoloteando cerca de su marido.
Grillo había tenido una noche espectacular con Brianne, pero amaba su rutina, y eso le encantaba de tener una residencia musical: el que quería iba y el que no, pues no. De todos modos, él tendría la oportunidad de disfrutar muchísimo de su "normalidad": levantarse, ejercitarse, pasar tiempo con sus seres queridos, comer bien a lo largo del día y disfrutar con la gente de la música que había compuesto y escrito.
Le parecía fantástico.
Grillo había decidido correr al aire libre y, para ello, estaba golpeando como loco la puerta de su casa. Adoraba al hombre que Tamara planeaba desaparecer (el administrador) porque arregló la puerta tan mal que ahora el llavín parecía un chiste y el remache de la pared era una vergüenza; él, que nunca había hecho nada de construcción, sabía que estaba mal.
Después de cinco minutos de ignorar el ruido fuera de su casa, los golpes y los llamados de Grillo lograron despertar a Tamara, quien vio la hora y negó con la cabeza. Era imposible que solo hubiese dormido tres horas con cuarenta y un minutos y que Grillo fuese tan intenso como para sacarla de la cama. La joven salió en su pijama descombinado, con el pelo desarreglado y los ojos cansados para abrirle.
—Creo que me merezco una llave. Uno no puede estar interrumpiendo el sueño de todo el edificio —comentó Grillo mientras ingresaba.
—¿Cómo sabes que no estoy con un hombre o algo?
—Eres leal. A menos que Rusinky esté aquí, no estás teniendo sexo con nadie. Yo sí cogí mucho ayer. ¡Fue espectacular! Tamara, no tuve que pedirlo, ella solo me miró, la miré y lo supimos: un beso y vamos a coger. Estuvo espectacular, es un mujerón, es súper sexy, y mientras me la estaba chupando pensé que me iba a dejar seco para siempre, y quería más... espectacular, caliente. Estoy lleno de feromonas, embriagado.
La joven continuó negando con la cabeza mientras se cubría los oídos porque definitivamente no quería saber tanto.
—Me dejó hacerle de todo y creo que me educó...
Tamara le cubrió la boca e hizo la señal de tiempo fuera. Grillo asintió y prometió escucharla. Ella le tomó de las mejillas, negó levemente con la cabeza y le advirtió:
—No me pagas lo suficiente para escuchar esto, y no estoy interesada en los detalles de tu vida s****l.
—Mi vida s****l es muy importante. Ahora, lo que aprendí lo voy a practicar con todas las naranjas que me coma de hoy en adelante.
—¿Grillo?
—¿Tú practicas el sexo que quieres tener? —ella lo miró confundida mientras buscaba cómo aprovechar los minutos de locura de Grillo entre cojines y almohadas—. Me refiero a… antes de hacerlo, ¿te has visto en un espejo cómo te mueves y eso?
—¡No! —respondió la joven mientras se acostaba en el sofá.
—Seguro eres mala en la cama.
Tamara tomó asiento en el sofá y miró a Grillo sorprendida por lo hiriente que estaba siendo sin siquiera intentarlo. Ella había pensado lo mismo, por eso le parecía una excelente idea no seguir detrás de Igor. Probablemente, si no estuviese siempre asustada de que alguien más la estuviese grabando o fotografiando, sería salvaje y sexy como Brianne y se le tiraría encima en cuanto bajase del avión para tener el sexo más brutal del mundo. Pero su posición segura era el misionero, y lo más atrevido que sabía hacer era darse la vuelta.
Grillo se sintió mal por haber hecho ese comentario e intentó disimular entre risas. Sin embargo, Tamara estaba muy seria antes de asentir lentamente y decir:
—Creo que sí —respondió sincera—. Creo que no voy a poder tener sexo con Igor o con nadie que me importe.
—El sexo es raro siempre que seas consciente de tu cuerpo o de la persona con la que estás. Pero es bonito: te puedes acurrucar con él después, puedes conocerte de nuevo... Conozco un sexólogo que es espectacular. Yuri y yo fuimos a uno y nos cambió la vida. Ella porque sentía esos nervios que tú, y yo porque aprendí cosas que me son útiles, como lo de la lengua que me dijo Brianne.
Tamara rodó los ojos.
—Pero estate tranquila, Igor es la bomba s****l, seguro que te sorprende, él es el rey del sexo.
—¿Cómo sabes? —preguntó irónica—. ¿Has tenido sexo con Igor?
—A Igor le gusta el sexo —respondió Grillo—. No hemos follado uno con el otro, pero sí hemos coincidido en fiestas.
—No estoy entendiendo.
—Fiestas de adultos —Grillo hizo un gesto con los dedos que, para Tamara, era entrelazar los dedos varias veces; para Grillo era hacer una orgía con los dedos.
Él se encogió incómodo por haber abierto la boca porque no sabía si para ella era un punto de quiebre. Igor le parecía un galanazo, no le faltaban flores, detalles… el hombre, en dos semanas, le había enviado dos cartas escritas a mano y estaban planeando una escapada romántica para conocerse mejor. Grillo no quería arruinar eso.
—Grillo, tu amiga soy yo y tu obligación es protegerme a mí —respondió Tamara, furiosa y ya muy despierta.
—Fiestas privadas de sexo, ya sabes: tríos, orgías, intercambios…
—Grillo, tú vas a eso.
—Yuri y yo queríamos experimentar. Nos salió un poco mal porque ella es celosa, pero estoy abierto a volver y sé de buena fe que Igor organiza sus propias fiestas, muy buenas.
—No sé para qué somos amigos. Te cuento algo íntimo, te digo que soy mala en la cama y me dices que el hombre al que me has estado induciendo para enamorarme es un pervertido s****l.
—Es libre… pero mira, yo voy a fiestas, no quiere decir que me folle a alguien sin consentimiento o que lo pase mal.
—Voy a alistarme, y voy a usarte de guarda de seguridad y no voy a hablarte a ti ni a Igor por el resto del día.
—¿Te contestó?
—Sí... "tuvo un retraso". Creo que nos peleamos o lo rompí quizá. Honestamente, si no le importa que no me hable más, no necesito estar recibiendo regalos de mierda y promesas como si mi vida fuera una campaña presidencial.
Grillo inhaló y exhaló por el cambio de humor. Tamara fue a cambiarse y se dio cuenta de que le había bajado la regla. No dijo nada, solo se puso una toalla y salió a ejercitarse con Grillo, quien de repente creyó que era un maratonista y se puso a correr desde que iniciaron. La joven le siguió el paso porque no quería darse por menos y, además, estaba enojada… enojada con los hombres del mundo. Al final de sus 5K, ella vio un camión de pancakes y Grillo fue por unos y por un café.
—Yo puedo enseñarte —comentó.
—¿Qué?
—A follar mejor.
—No voy a tener sexo contigo —le aseguró, con una cara de disgusto que ofendió ligeramente a Grillo porque, para él, el sexo era una forma de arte y de amor, y no entendía por qué ella estaría tan disgustada.
—Puedo contratar profesionales, mi vida.
—No quiero nada de eso. No quiero una relación difícil o complicada. Lo bueno de crecer es que sea fácil, sin permisos ni opiniones. Debería poder simplemente llegar a casa y que un hombre esté preparándome la cena y dispuesto a acostarse en la cama y abrazarme toda la noche sin que sea una especie de sexópata.
—Los hombres estamos diseñados para follar —comentó Grillo—. Mientras tú estabas jugando a la casita, a nosotros nos enseñaban a volvernos atractivos para que quisieras aparearte con alguno de nosotros.
—Grillo, mi tolerancia a la estupidez el día de hoy es nula… —respondió Tamara, y él se rió antes de preguntarle si estaba con la regla.
—No quiero seguir con esta amistad —declaró Tamara, dramática, y los dos rieron antes de hacer su caminata de regreso. Grillo fue feliz con su cafecito, tomando el sol, y entonces le contó sobre su cita. Tamara comentó que había enviado rosas al trabajo de su chica. Tamara se rió porque eso no tenía nada de privado, y Grillo analizó lo que acababa de hacer y estuvo a punto de cancelarlo, pero le anunciaron que ya lo habían entregado. Él asintió y Tamara se rió por primera vez en el día.
Hizo la rutina de pesas en el minigimnasio de Grillo y vio una llamada por parte de Igor, la cual rechazó por completo. Grillo esperó la llamada furiosa de Brianne y, en su lugar, recibió un mensaje que le animó:
Brianne
Es un detallazo, muchas gracias.
Yo no te compré nada, pero te mando un beso.
Grillo
Dámelo hoy, cenemos juntos.
Brianne
Seamos honestos: quedemos solo para follar. Yo compro la cena y tú me esperas desnudo en mi casa.
Grillo
Sí a todo, sí. ¿Me das llave o cómo?
Brianne
Dejé la llave pegada en el macetero, es para emergencias, pero esto es una emergencia.
Grillo
Nunca he tenido sexo en un colegio.
Brianne
Ni lo vas a tener conmigo.
Bye, muchos besos, todos en tu polla.
Grillo rió como un demente y Tamara supo con quién y sobre qué estaba mensajeando.
Se despidió de Grillo y fue a su casa.
Dec amino a su casa hizo una lista de cosas que necesitaba comprar para su alimentaciónde la semana, otras cosas de trabajo que tenía que resolver como una conversación 1:1 con alguines personajes imbéciles de la disquera que no entendían que es un negocio. Fuera del apartamento se encontró a Igor con un montón de bolsas con comida y un ramo de rosas. La joven lo miró en silencio, él a ella, se acercó y sonrió Igor hizo lo mismo, la observó aliviado porque era obvio que lo que sea que necesitaban hablar no era por teléfono.
Ahora que lo tenía en frente y sentía la humedad de su toalla se estaba preguntando si realmente la discusiónd e al noche anterior había sido tan necesaria...
Hormonas... hormonas... no quieres vivir sin ellas, pero, con ellas todo es caos..
¿A que sí?