La velada en la casa de los Peralta Linch se estaba desarrollando de forma muy placentera. La pareja, conformada por Roberta y Jaime Manuel, cumplía su trigésimo aniversario de matrimonio. Por ese motivo habían organizado una cena especial. Invitaron a un selecto grupo de parejas jóvenes conocidas, entre las que se encontraban Amanda y Rodrigo. Los anfitriones eran amigos íntimos de Octavio, pero mantenían una relación cercana con su heredero y esposa. Había llegado el momento de la gran cena, en el que no se escatimó en imaginación ni en gastos, como era de esperarse. El salón principal de la mansión fue decorado con un estilo exótico y sensual. El piso había sido revestido con una superficie acolchada, bastante mullida, que simulaba una especie de cama descomunal. En el centro se inst

