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2374 Palabras

El lugar era un pequeño aeródromo, estábamos en medio de la nada. Pocos árboles adornaban el lugar y mucha maleza teñía de verde el alrededor. El hangar que daba la bienvenida estaba decorado con franjas coloridas que simulaban un paracaídas, una idea —quizás— poco original para estos tiempos, pero daba a entender de inmediato a qué se dedicaban. Nos acercamos hasta una caseta cercana a la entrada y Alekséi dio nuestros datos, mostró algo en su celular y el celador nos dio entrada luego de confirmar la información suministrada por un radio. Un hombre bastante alto nos dio la bienvenida, saludó a Alekséi con mucho entusiasmo y nos adentramos al hangar. Luego de treinta minutos de inducción, nos estábamos colocando los arneses. Uno de los instructores, de mote Keikey, me estaba revisando

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