—Mierda, mierda, ¡mierda! Lo voy a matar, Amelia, l-lo voy a... —vociferó halándose los cabellos y caminando de un lado a otro. —¡Cálmate! Cálmate, estoy bien —alcé la voz, me planté frente a él y le agarré el rostro para que me observara—. Nyx, no pasó nada... —¿Nada? Ese maldito enfermo te pegó, veo tus piernas, veo tu andar y tu cara... ¿Qué sucedió? Me fue imposible contestar su pregunta, la saliva y las palabras se me hicieron pastosa y pesadas. —Llamemos a mi mamá y vamos a tu casa, por favor. —Joder, Amelia ¿no habías hablado con ella? Negué con la cabeza y sentí los ojos inundados. Nyx me abrazó tan fuerte que me hizo retroceder un par de pasos. Su respiración acelerada me daba en la frente y el calor de sus brazos me hizo sudar en segundos. —Yo lo hago, yo me encargo, mi N

