Se detuvo frente a un local bastante “pupi“, apagó la moto y me bajé de un salto. Él se bajó y se alejó un poco de mí, me recosté del asiento de cuero, nos observábamos, pero ninguno se atrevía a hablar. Pasaron quizá un par de minutos y Nyx decidió hablar primero. —Sirenita, explícame. —¿Qué debo explicarte? —Tu plan de hoy… —No tengo idea de lo que hablas —respondí con total inocencia, mientras me balanceaba de un lado a otro. —Carajita… Te conozco. ¿A dónde quieres llegar? «Okey, sí… Me traía algo entre manos…». —A tu casa. —Sonreí. Él suspiró un poco irritado y respondió: —Negativo, señorita. —Nyx… Por favor... —Me acerqué a él, pasé mi mano por su mejilla y él me besó la palma. —Nena, te llevo a donde sea, menos a mi casa. —Pasaste toda, toda la semana —enfaticé— en tu cas

