Regresamos a casa y fui directo a mi recámara, llevé todo lo que compramos y estaba emocionada, le pedí a Nyx que me acompañara a buscar mi caballete en uno de los depósitos de la casa, no debía ser difícil encontrarlo. Apenas con un pequeño vistazo encontramos el caballete, Nyx lo cargó y estaba un poco empolvado, le dimos una ligera sacudida y lo llevó a mi habitación, aunque insistía en dejarlo en el jardín porque la vista era más bonita. Busqué paños y agua para limpiar el soporte y Nyx me acompañó. Desde hacía dos días tenía una idea en mente y no estaba segura si era buena o no. —Nyx, quiero contarte algo... —Y es sobre... —Mí. —Soy todo oídos, Nena —contestó y se escuchó un crujido, era de una manzana que él tenía. «¿En qué momento la buscó?». —Pues, me gustaría estudiar en

