Desperté y Nyx seguía rendido. Busqué la hora y apenas iba a ser la una. Me levanté para ir al baño, debía miccionar luego de tanto... Luego de tanto. Tanto, pero no suficiente. El horror. Tenía sangre entre mis piernas, por suerte no llegó hasta las medias, me las quité y me di una ducha para limpiar todo residuo rojo de mi piel. Volví a la recámara y alrededor de Nyx también había manchas de sangre. La virginidad era escandalosa de muchas maneras. Terminé de secarme con una toalla y me acosté de nuevo al lado de Nyx, este apenas sintió mi calor me haló hacia él y me abrazó. —¿A dónde fuiste? —balbuceó contra mi cabello. —Debía miccionar... Y me duché —expliqué y me acomodé para quedar frente a su cara. —¿Por qué? —Aún tenía los ojos cerrados y el cabello despeinado lo hacía lucir a

