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2017 Palabras
Llegué a casa muy feliz por todos los lugares que visité, pero sentía un nudito en mi fuero interno por todo lo que hice pasar a Nyx. Me había expuesto ante él, me había mostrado con toda la inseguridad y fragilidad que obligaba a mantener encerrada y que nadie notaba por mí calmada presencia; pero él ya había convivido con ella varias veces y sin embargo, no se alejaba de mí. Todo lo contrario, se esforzaba en hacerme reír, molestarme o cualquier otra tontería que me sacara de la aburrida rutina. Luego de cenar le pregunté a mis padres si podría ir a la playa mañana. Sin muchos rodeos me dijeron que sí, pero que fuese con Liss. De inmediato les agradecí y busque a Liss para darle las buenas nuevas. —...y ¿vamos a ir con los guardias? —preguntó Liss incrédula, quizá hasta incómoda. —Mjm. —¿Será que puedo invitar a Dario? —Supongo... Estás muy coqueta con él. —No sé de qué hablas —dijo sarcástica mientras miraba hacia otro lado. —Claro... —¿Por qué no invitas a Dave? Seguro irá encantado. —No creo... Es que él no... No me atrae como para invitarlo. Es más un amigo. —Uhm. Bueno, vamos nosotros cinco y ya. Le avisaré a Dario. Ella fue a su habitación y yo a la mía, me despedí de Nyx —con quién me topé en el pasillo— y me acomodé para dormir. En la mañana, Sara nos preparó el desayuno. Liss estaba triste porque Dario tenía un compromiso familiar y no podría ir a la playa con nosotras, lo que nos haría quedar solas con los guardias. Ya tenía todo preparado, mi mochila con una toalla, bloqueador solar y mi celular; me había puesto un bikini violeta, unas sandalias blancas y un vestido lila vaporoso, apenas transparente. Liss me apuraba porque ya tenía rato lista y los guardias esperaban. Apenas nos vieron se despidieron de mis padres y salieron al jardín principal. Me sorprendí porque iríamos en un jeep que no recordaba que existía. Subí contenta con Liss, me asomé porque los guardias no subían al jeep y los vi jugando "piedra, papel o tijeras", aguanté la carcajada por haber sido testigo de la toma de decisiones más madura y equitativa que pudieron encontrar... Nyx subió al asiento del copiloto refunfuñando y Alekséi balanceaba las llaves de frente al jeep con una sonrisa victoriosa, subió y luego de encenderlo, arrancó. Alekséi colocó música a todo volumen, no sabía quién o cuál banda interpretaba la música que comenzó a sonar, pero era muy animada. Liss y yo bailábamos en nuestros asientos, vi por el retrovisor los ojitos de caramelo de Alekséi achinarse y unas pequeñas liniecillas se hicieron en los extremos. La ventanilla superior se abrió, Liss se quitó el sombrero y se asomó mientras bailaba, el viento soplaba rápido y la peinó a su antojo. Me hizo señas para que la imitara, dudé unos segundos y luego me dije "¿por qué no?". Allí estábamos las dos, bailando con medio cuerpo fuera del jeep mientras íbamos camino a la playa. Algunos chicos nos miraban y sonreían, y las chicas se sorprendían y nos seguían con la mirada. Traté de obviar a la gente y seguí disfrutando de la música sin que me importara un rábano lo que pensaran los demás. Ya podía ver el mar y sentir el salado aroma impregnado en el aire. El sol no estaba tan elevado, pero se sentía fuerte. Liss y yo nos sentamos y los muchachos buscaban un lugar para estacionarnos. —Bueno, llegamos. Por si no era obvio —comentó Nyx. —Qué prefieren: ¿buceo o un rato de playa? —preguntó Alekséi. —¡Rato de playa! —chilló Liss. La secundé sin dudar. —Ya, ustedes broncéense, yo voy a averiguar cómo es la cosa del buceo. Alek, quédate con ellas mientras. Por si no estaba claro, Nyx era un líder nato. O un controlador. Me decantaba más por lo segundo. Alekséi estacionó el jeep, tomó sus cosas y las de Nyx —que ya se había bajado— y fue en dirección a un puesto de alquiler de toldos. Liss y yo lo seguimos, el chico encargado nos llevó al toldo y había dos sillas de playa, me senté con Liss en una de ellas y el chico —que seguro no pasaba de los veinte— nos sonrió, Alekséi notó el gesto y carraspeó, el chico dio un respingo y se fue sin voltear. —Leksito, ¡qué grosero!... Estaba mirando a Amy —reclamó juguetonamente Liss al fornido guardia de ojos dorados. —No frente a mí —zanjó con extrema seriedad. «¿Acaso él había dicho eso? Pero yo lo vi a él con Sara... ¿Será que...?». —Te quedarás soltera, Chiquita —dijo Liss, sacándome de mi burbuja de pensamientos. —Eso parece. —Me reí. Alekséi comenzó a desvestirse y quedó en bermuda, tenía un enorme tatuaje de una serpiente que nacía en uno de sus brazos, rodeaba su torso y espalda, y la cabeza reposaba sobre su pecho. Me impresionó mucho, demasiado. Lo miré sin ningún tipo de pudor, era increíble que los trajes que llevaba a diario le taparan semejante obra y pasara desapercibida. —Voy al agua —avisó alejándose. Miré su espalda, hipnotizada. La serpiente era tan detallada, tan realista, las escamas, los colores… Si les tuviese miedo a ellas, no hubiese sido capaz de observarla tanto. Vi que Nyx se acercaba al toldo, miró la silueta de Alekséi alejarse y luego me miró a mí, hizo una mueca y se quitó la playera manga larga, dejando expuesto su marcado abdomen. Se pasó la camiseta sobre el hombro y sonrió burlonamente hacia mí. «¡Por Dios! ¿Qué más ocultan estos guardias?». Me tapé las mejillas avergonzada y de reojo vi cuando Nyx tomó su bolso para guardar su ropa. Se quitó las zapatillas y la bermuda y las acomodó dentro. Con un dedo bajo mi barbilla llamó mi atención: —Estaré nadando un rato. Le sonreí como acto reflejo y él hizo lo mismo, para luego dejarme una maravillosa vista de su espalda y sus torneadas piernas cubiertas por un bañador a media pierna de neopreno. —Te vi, Chiquita —acusó la testigo de mi extraño y confianzudo trato con mi guardia. —No sé de qué hablas —la imité como la noche anterior. —Claro, claro. —Rió—. Ayúdame a mover la silla hacia el sol. —Okii. La rodamos entre las dos y ella se quitó su kimono y comenzó a untarse bronceador, la ayudé a colocarse en la espalda y me dijo que me quitara el vestido para ponerme bronceador. Obedecí y al rato ya estaba cubierta del líquido aceitoso, me puse un poco de protector en la cara y en los hombros o me achicharraría en pocos minutos. No quería tumbarme en la silla, así que decidí dar un paseo por la orilla de la playa. Había pocas personas a pesar de ser fin de semana, el agua era bastante clara y podía ver la arena blanca en el fondo. Divisé a Alekséi y a Nyx nadando lejos... Una ola muy grande se formó y Nyx trató de pasar por debajo, pero el agua se lo tragó, la cresta de la ola lo golpeó y desapareció entre la espuma. No sabía si reírme o preocuparme, hasta que lo vi salir del agua limpiándose el cabello de la cara y seguramente lanzando un par de maldiciones. Me reí por su suerte y seguí caminando. Un chico que se veía de mi edad comenzó a caminar a mi lado y a buscarme conversación. Me presenté y me dijo que se llamaba Elliot, que iba a la preparatoria pública de Haltes y sentí un poco de envidia sana; me invitó a jugar “pelota” con su grupo de amigos y sentí un brazo rodear mis hombros, creando una sensación de vacío en mi estómago. —Somos cuatro. ¿Podemos? —dijo Nyx, haciendo que su voz sonará más grave y masculina de lo usual. —Claro, hermano. El chico comenzó a caminar hacia su grupo de amigos y Nyx me retuvo antes de seguirlo, sus pupilas se fijaron en las mías, había un regaño implícito, pero el azul cielo de su mirada no lucía nada intimidante. —No te pierdas así, casi me da un infarto al verte caminando con él. —Estoy bien, gracias por preocuparte. —Ve por tu hermana a ver si quiere jugar. —Vale… Fui en busca de Liss y Alekséi me interceptó para interrogarme, le expliqué —entre tartamudeos— y me dejó ir. Locos. Le dije a Liss para jugar y se entusiasmó, fuimos hasta donde estaba el grupo animado y nos formamos en círculo. —¡No dejen caer el balón! —¡Se vale todo! Una de las chicas lanzó el balón y Elliot lo pateó, voló alto y Nyx lo rescató agachado. Volvió al aire y otra de las chicas elevó el balón, tuve la oportunidad de golpearlo y luego Alekséi lo llevó al otro lado del círculo. Liss lo salvó varias veces de caer a la arena y la vitorearon por su osadía. El balón no se había caído y la tensión aumentaba... Iba y venía de un lado a otro, cuando me tocó golpearlo no le di bien y este cayó a la arena. —¡Al centro! Resignada, me senté en el centro del círculo y veía el balón pasar sobre mi cabeza, si este me pegaba jugaría de nuevo, pero me preocupaba más que tan fuerte golpeaba ese balón. Al ratito ya éramos cuatro sentados, Alekséi, Elliot, una de las chicas —de la cual nunca escuché su nombre— y yo. Liss, Nyx y otros dos amigos de Elliot seguían jugando algo que parecía eterno. Elliot me hablaba bajito y me preguntó si ya había almorzado, negué con la cabeza y en ese momento sentí en las piernas el balonazo que me devolvería a la arena. Tomé el balón con la sangre caliente y miré a Nyx que estaba con el ceño fruncido. Me puse a su lado y le dije en un tono casi inaudible que no debía ser tan brusco, él solo me miró serio y me dijo que en un rato nos íbamos. Entre Liss y yo sacamos a los perdedores sentados, cuando ya estábamos todos de pie Nyx atrapó el balón y se disculpó porque debíamos ir al local de buceo. Nos despedimos de los muchachos y Elliot se iba a despedir de mí, sentí que alguien se acercó por mi espalda y colocó una de sus manos en mi cintura y su boca a un lado de mi oreja, susurró algo que no entendí, pero su voz grave me avisó que era Nyx. Ese pequeño gesto, donde estaba el mensaje implícito de Nyx hacia el chico recién conocido, demostrando ser tan territorial y celoso con los suyos, fue la chispa que me hizo hervir la sangre en menos de un segundo. Elliot se quedó inmóvil unos segundos, viéndome, observando a la poderosa figura masculina bronceada, de brazos tonificados que me sujetaba —no del brazo o del hombro como hacía varios minutos, sino de la cintura, denotando que yo era de su propiedad— y se despidió con la mano. —Lo espantaste por completo —le reclamé a la par que quitaba su mano de mi piel. Él tomó mis dedos y entrelazó los suyos, se me arremolinaron todos los sentidos en ese ligero apretón y luego me soltó, dándome un respiro. —Era la idea —murmuró. Y sonó un beso en mi oído. El sonidito inesperado me causó un corrientazo en el cuello y luego me hizo sonreír. La sangre se me movió a otras áreas de mi anatomía y me sonrojé. ¿Qué estaba sucediendo conmigo? Nyx me dio empujoncitos y comenzamos a andar.
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