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2142 Palabras

El estacionamiento que alguna vez en el día fue "tráfico vehicular" seguía sin mermar, Nyx iba rápido entre los autos y algunos conductores nos gritaban por la sorpresiva y rápida aparición. Sentía un nudo en mi garganta luego de haber escuchado las palabras de mi motociclista y en cuanto el sonido de los cláxones disminuyó, me atreví a hablarle al oído: —También te extraño. —Él frenó repentinamente y grité su mote asustada. —¿Qué dijiste? —Que también te extraño... ¿Puedes aparcar en la acera? —Dame un momento. Manejó despacio entre los autos, hasta que dimos con la acera de la derecha. Apagó el motor y me bajé. Estiré un poco la tela de mi vestido y él se quedó de pie, recostado del asiento. —Te extraño Nyx, lo siento. Yo... Me equivoqué —admití con un ardor caluroso en la garganta

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