—No veo a Ari —grité, tratando que Liss me escuchara sobre el fuerte volumen de la música. —¡Olvídala y vamos a bailar! —gritó más fuerte y comenzó a saltar hacia la pista. La discoteca estaba muy, muy llena. El suelo vibraba tanto que podía sentir a través de mis tacones el cosquilleo rítmico. Liss se llevó a Dario entre la multitud y el vestido fucsia fue devorado por los sudados cuerpos que se movían y contorsionaban por efecto del bajo de la música. —Todos están perdidos —hablé en el oído de Nyx, pues ni Sara ni Alekséi se veían cerca y Khal había sacado a bailar a una chica hacía rato ya. —Faltamos nosotros —respondió y me abrazó por debajo del pecho, para llevarme hacia la pista de baile. Todo, todo lo que había deseado desde hacía años, esa noche lo viví. Bailé hasta que los ta
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