—Era Nyx... —Amy, yo... ¡Cómo lo siento! —chilló Ari acunando mis manos en las suyas. —Me está costando superarlo, pero estoy en ello. —Amy, dime que ese tipo está preso. ¡Dímelo! —exigió, me soltó, se puso de pie y golpeó la mesa con las palmas de las manos. Algunas personas nos miraron con curiosidad y Ari volvió a sentarse. —No lo sé, Nyx me dijo que "está muerto", metafóricamente. Que no existe la posibilidad de que sepa algo de él. Ari rodó su silla a mi lado y me abrazó. Me recosté de su hombro unos segundos y me incliné a terminar mi café. Ari pagó los dos cafés y salimos a caminar en dirección a la plaza que visité ayer. Nos sentamos en el mismo banquito de madera, duro e incómodo, igual al resto. Colocamos las mochilas guindadas a los lados y volvimos a hablar. —¿Y Nyx? —L

