IV - Tutora de ciencias (Parte II)

4988 Palabras
-Será mejor que me vaya. –Dijo al ver su reloj en el pequeño celular que poseía. –Es muy tarde. Mañana hablaré con León, profesor. –Se levantó y tomó sus cosas. Abrazó las carpetas contra su pecho y apretó con tanta fuerza que sus uñas se pusieron blancas. -Claro, confío en ti Sarah. Gracias por ayudar a un compañero. –La chica sonrió y salió. Tenía que darse prisa. - ¡Hey! León, hermano. –El castaño se sentó al lado del muchacho en un banco en uno de los jardines. –Hey. –Lo sacudió un poco al verlo tan taciturno. –Asustas pequeño Lion. Hablé con mi mamá y no pudo conseguirme el tutor. ¿Qué te dijo el maestro? -La rarita. –Dijo sin notar que detrás de él pasaba la chica. –Nos puso a la rarita. –Sarah se detuvo y alzó una ceja. Tosió un poco haciendo que ambos se voltearan. -Oh, ratas. Aquí andas. –Sarah se cruzó de brazos frente al comentario de Hans. -Ya estoy hasta el tope de insultos. Tengo un nombre ¿Sabían? Lo apropiado sería que me llamasen por él. Yo no les digo a ustedes lo hipócritas que son, además de que se creen la reencarnación de Jimmy Hendrix o que se sienten con el talento deportivo de Ronaldinho. –León tragó saliva y Sarah rodó los ojos. –No debería sorprenderme porque van tan mal. –Siguió su camino mientras apretaba el asa de su bolso. Murmuraba entre dientes. León miró a Hans y aunque el castaño negaba pues veía en los ojos de su amigo lo que pensaba, él terminó por levantarse y correr detrás de la chica. -Hey, hey, hey. Sarah. –La sostuvo del brazo antes de que ella cruzara la puerta. –Ya sé, nos pasamos. Somos idiotas... pero te necesitamos. –Sonrió. La muchacha miró su brazo y solo se zafó. León pudo mirar que, al soltarse, debajo de uno de sus pañuelos había una pequeña mancha violeta y verde. –Yo te pido perdón por cómo te he tratado. –Sarah suspiró. –Por favor, no nos abandones, si no pasamos química... vamos a tener muchos problemas, Hans y yo. -Está bien. Pero no te perdono, voy a ayudarlos con química. –Se acomodó los pañuelos en los brazos y volvió a mirar al chico. –Igual deberías alejarte, si alguien te ve... toda tu imagen se cae. –Alzó las cejas y se echó un mechón de cabello tras la oreja. –O tu novia me mata. -Hablaré con Jean. –Hans se acercaba con paso decidido sosteniendo las mochilas. –Y él no dirá nada sobre ti, tampoco. -Nada de apodos. -Ninguno. Solo Sarah. -Excelente, comenzamos mañana. –Concluyó la chica girando sobre sus talones para dirigirse a la estación de buses. León sintió como Hans le aventaba su mochila en la cara golpeándolo justo en la mejilla. - ¡Hey! –Dijo atrapándola entre sus brazos para sobarse luego. - ¿Hey? Eso digo yo. Te acercaste a la... -No, no lo digas. Ella es la que nos puede ayudar, y no le dirá nada a mi mamá. Llamémosla Sarah. Vamos a tratarla bien, al menos por ahorita. -Dios, cuando decides ser franco no hay quien te pare. Pero tendremos que reunirnos con ella en lugares donde no nos vean. No quiero perder lo que tengo. ¿Hecho? -Hecho. –Ambos chocaron los puños. –Vayamos por Eleonor, quiero ir a casa. *** Llegó a su casa casi en carreras. Tuvo suerte de que en aquella tarde su padre no estuviera. Cocinó y dejó la comida tapada mientras ella se iba a su habitación con sus alimentos. En toda la noche, su padre no volvió. Durmió en tranquilidad, aunque la paz no le duró mucho. A la mañana, Nathan Holland estaba ahí, en la sala, totalmente ebrio y, sin poder frenarlo, la abofeteó dejándole una marca roja justo en el pómulo izquierdo. Se vistió y caminó a la escuela, no dejaba de pasarse la mano por aquella marca tan evidente en su piel clara. Mayo. Las flores vibraban en colores y Sarah cayó en cuenta de cuan cerca estaba su cumpleaños. Llegó a la escuela y entró. Soportó los insultos y demás ofensas en silencio. Su cabeza flotaba en lo asombroso que sería tener una fiesta de dieciséis. Con un vestido floreado, tal vez un pastel de chocolate. Decoración de mariposas y globos. ¡Muchos globos de colores! Pero, aunque pudiera hacer sus sueños realidad, sería igual de cutre. No tenía amigos que invitar. –Otro futuro cumpleaños igual. –Vio llegar a León y a Hans, salió de aquella fantasía para concentrarse en un nuevo problema. Los rockstars. En medio de la clase de español ella no dejaba de voltear a ver a León, Jean notó los gestos de la chica hacía su novio y no tardó en enojarse. –De hoy la rarita esa no pasa. –Susurró a sus amigas Paula y Gaby, y ellas asintieron. –Esperen a que se aleje lo suficiente y hagan lo que sea necesario para humillarla. –Volvieron a prestar atención mientras maquinaban su plan y la señorita Porter, maestra de español, explicaba varias cosas sobre conjugación de verbos. León pensó sobre lo que Hans le había dicho sobre que no debían ser vistos con Sarah en público, así que, sin dudarlo, escribió una nota en un pedazo de papel y la extendió hacía la mesa de su compañera. Sarah la leyó apenas la tomó. "¿Dónde estudiaremos química? No puede ser un lugar muy visual... Hans insiste." Sarah escribió con su pluma y extendió su mano hacía León y él la tomó rápidamente. "Hay una zona en la biblioteca en donde nadie va, la sección de psicología. Allí los puedo ver hoy luego de literatura, pero no por mucho tiempo." -Hans, luego de literatura, ¿Hay algún entrenamiento o parecido? -No, ¿Por? –León le extendió la nota y alzó una ceja. –De acuerdo, espero que nadie nos vea. Que bajo caímos al juntarnos con... -No la insultes. –Susurró. –Podría arrepentirse de ayudarnos y ahí si vamos a tener la soga en el cuello. -Querrás decir el p**o hasta el fondo. –Rieron. Las horas transcurrieron y luego de literatura, Sarah salió como un rayo del salón. Paula y Gaby la siguieron con el firme propósito de humillarla. Jean se los había ordenado. -Hola rara. –Se colocaron a ambos lados de la chica con una sonrisa cínica. –Nos preguntábamos... ¿Sabes que hiciste algo muy malo? -Déjame en paz, Paula. –Sarah se zafó y miró a ambas con enojo. –Me llamo Sarah, y lo que haga o no, no es de su incumbencia, tampoco de Jean. Y debería venir ella en lugar de mandar a sus asistontas. -No te creo, la rarita sabe hablar. –Replicó Gaby. –Hazte un favor, todos sabemos lo enamorada que estás de León, él jamás te hará caso. Está con Jean, es hijo de una súper estrella, él es una súper estrella. Y tú eres nadie. -Hazte un favor y no repitas como un loro lo que Jean diga. –Al dejarlas ahí, corrió hasta la biblioteca. Tuvo el presentimiento de que iban a hacerle algo y no podía permitirlo. Ya había tenido suficiente. *** - ¿Me prestarás atención el día de hoy? –Jean tomaba a León del brazo mientras Hans estaba a su lado. –Soy tu novia, merezco tiempo. -No puedo hacerlo. –Dijo terminando de recoger sus cosas. –Seré honesto contigo Jean. Hans, ¿Me esperas en la biblioteca? Por favor. –El castaño se terminó yendo y la rubia miró a León. –Tengo que estudiar. Si no lo hago me sacarán del soccer. Créeme preferiría salir contigo, pero estoy por reprobar química y entonces el maestro nos puso a Hans y a mí a trabajar con Sarah... - ¿Qué? No, te lo prohíbo. –Dijo abriendo los ojos. –Es la chica rara, no puedes estar con ella, además ella está detrás de ti, ¿Crees que me sentiré contenta al ver como una cualquiera se te lanza encima? No vas a verla. -Es la que nos explicará química. Jean, tengo que pasar. –Dijo alzando los hombros. –Lo que Sarah pueda sentir por mí no es importante, solo quiero seguir en el soccer. -Ni se te ocurra hablarle o vas a saber lo horrible que puedo llegar a ser. –León suspiró. – ¿Lo harás? -Claro. –Mintió y le dio un beso a la rubia. –Nos vemos a la salida ¿Si? Te llevaré a tu casa en el auto. -Perfecto. –Sonrió abrazándolo. –Y no lo olvides, no quiero que te acerques a Sarah. -Sí, te veo al rato. –León dejó salir a la rubia, sabía que no podría dejar de ver a Sarah, ella era la que lo ayudaría a mantenerse en el equipo y las clases de guitarra. Tomó su mochila y fue directo al lugar donde debía estar. Hans estaba sentado al lado de la chica en silencio, ella estaba dibujando y escribiendo en su libreta. No dejaba de ver el pedazo de piel bajo el ojo izquierdo. –Oye ¿Qué te pasó? –Señaló y Sarah reaccionó al recordar que no estaba sola. Se tomó la mejilla. -Nada, no fue nada. –volvió a concentrarse en su cuaderno mientras escribía su nombre una y otra vez junto a varias flores y una fecha. –Tuve un pequeño percance en mi casa, nada más. ¿Por qué me hablas? -Estoy aburrido. –Soltó el aire y se pasó las manos por el cabello, Sarah rió y se pasó las manos por la cara. -Eso es muy doble cara de tu parte. No paras de decir que soy una persona muy rara y muchas cosas más. -Sí, es que... tengo un nivel que mantener. - ¿Por qué? –Lo miró. –No tienes que hacerlo, ya eres bastante popular. -Sí, es que... bueno, mi hermano es... ¿Conoces King's Revenge? –Sarah negó y rodó los ojos. –Olvídalo entonces. -León me dijo que su papá era el vocalista. Es lo único que sé, jamás los he oído. - ¿En serio? ¿Habló contigo de eso? Bueno, mi hermano es la segunda guitarra. -Ja, así que le das crédito a tu sangre por ser popular. Entiendo. –Se apoyó sobre su palma. Hans asintió. –¿Es el motivo para actuar como idiotas? -Tal vez. –León llegó y se sentó a la mesa. –Bro, al fin llegas. -Perdón, estuve hablando con Jean. Hola Sarah. –La chica se relajó y tomó su mochila para sacar sus apuntes de química. León miró la hoja que tenía rayada en la libreta. Pudo observar cuantas veces ella había escrito "Veintidós de mayo" junto a varios globos. –Esa ¿Es tu fecha de cumpleaños? –Sarah lanzó su cuaderno de química sobre la hoja y no contestó. -Es hora de trabajar. –Dijo seria. –Ustedes van muy mal, el maestro me mostró sus calificaciones. Hans, tú vas mejor, solo por un poco, con que saques un cincuenta y siete en el examen que tendrán apruebas. León... tú... - ¿Qué? –Preguntó. -Tendrías que sacar de ochenta y cinco en adelante. –El pelinegro se pasó las manos por la cara. -Soy hombre muerto, mi mamá va a matarme. –Sarah rodó los ojos. Ellos no sabían nada acerca de padres enojados. -Sí, vas a morir. Sarah ¿Qué haremos? -Bueno. Ideé un plan. Todos los días deberé verlos para estudiar, tengo una hora libre durante el almuerzo, luego de clases no puede ser tan seguido, debo llegar temprano a casa. Si consiguen sus sitios donde pueda verlos sin que nadie los mire... yo... accedo. -Gracias. Aquí está bien. No hay nadie. –Hans soltó. –Es perfecto. –La chica extendió una carpeta hacía los muchachos. Las notas estaban marcadas con colores y había apuntes extras de ella. -Son míos. Pueden fotocopiarlos, guárdalos. Tiene todo lo que hemos visto de química este año de manera ordenada y, lo que yo consideré, prioritario. –León abrió los apuntes y observó. –Lo más importante está subrayado en amarillo, lo que es curioso está en rosa, lo que definitivamente está en el examen está marcado en azul. -Gracias. –Contestó Hans sintiéndose apenado. –Vaya organización. -Es un cumplido. –Sonrió Sarah, sacó su celular y vio el reloj. –Es lo único que podré darles hoy, se me hace muy tarde. -Gracias Sarah. –Contestó León guardando la carpeta en su mochila. La vio recoger sus cosas y salir de ahí en tiempo record. Ambos jóvenes se quedaron repasando la primera unidad de química. *** Habían pasado varios días en los que su novio, León, no le prestaba atención. A la hora del almuerzo se perdía junto a Hans y aquello no le gustaba para nada. Recordó lo que le había dicho el pelinegro acerca de sus clases de química. Así que, en cuanto sonó la campana, salió deprisa de la clase siguiendo a Sarah. La vio doblar la esquina en un pasillo directo a las escaleras para ir al piso superior, la alcanzó y sujetó del brazo. –Sé lo que haces. - ¿Subir escaleras? –Dijo con un poco de sarcasmo. –Por favor, déjame en paz. ¿No tienes cosas de niña rica que hacer? –Se soltó. Jean miró el armario de escobas abierto con las llaves pegadas en el picaporte y luego volvió su vista hacía Sarah. -No quiero que te acerques más a León. ¿Te quedó claro? Yo soy su novia, y no creas que con tu ropa ridícula y tu personalidad estúpida vas a conquistarlo. - ¿Sigues con eso? No quiero estar con tu novio, me ha ofendido de muchas maneras posibles, al igual que tú. No me gusta León, puedes estar tranquila. -No, contigo nunca estaré tranquila. –Empujó a Sarah dentro del armario y cerró rápido con llave. Sarah golpeó la puerta con fuerza mientras pedía salir. –Lo tienes merecido. Que pases lindo día. –Se fue de ahí caminando por el pasillo echando a un lado su cabello dorado. - ¡Sáquenme de aquí! –Dijo entre gritos mientras golpeaba con fuerza la madera. Reconocía que el pasillo por el que iba era uno de los menos transitados, era hora de almuerzo y todos estarían en el comedor. Aun así, siguió tocando con fuerza, haciendo ruido, con la esperanza de que alguien le encontrase y la sacase de aquel lugar. El polvo comenzaba a afectarle la nariz y estornudaba, picaba en su piel y la ahogaba un poco. Su teléfono no tenía señal y, aunque la tuviera, no tenía los números de nadie para que abriera aquella puerta. *** León y Hans esperaban con sus sándwiches de jamón en la azotea de la escuela. Ahí era donde se reunían con Sarah para estudiar. –Es tarde, han pasado más de media hora y no llega. -Lo sé. Es raro, siempre es puntual. –Dijo León resignándose, tomó un sándwich y comenzó a comer. Hans lo imitó, esperaron unos minutos más, pero al ver la hora, y que ya debían ir a su siguiente clase, dejaron la azotea. Sarah estaba apoyada en la puerta, tosió un poco a causa del polvo. Al escuchar los pasos por el pasillo volvió a tocar con fuerza. - ¡HEY! ¡AYUDA! –León y Hans vieron la puerta al escuchar la voz. – ¡ABRANME! - ¿Es...? –León se acercó y pegó su palma de la puerta. –Hola, soy León. - ¡LEÓN! ¡LEÓN! ¡Sácame de aquí! - ¿Sarah? –Intentó abrir la puerta, pero encontró que el cerrojo no se movía. –Hans, busca al conserje. –El castaño corrió a la orden de su amigo. –Sarah, ¿Qué haces ahí dentro? -Jean me encerró. –Dijo sorbiendo un poco de su nariz. –Soy terriblemente alérgica al polvo. -No te preocupes, te vamos a sacar. –Hans regresaba en carreras junto al conserje. Al parecer, el viejo había perdido las llaves, pero para su suerte, había una copia en la dirección. -Llegamos hermano. Señor Aldo. -Sí, sí. –Metió la llave en la cerradura y abrió la puerta dejando salir a la chica. León se rió al verla con telarañas en el cabello, la nariz roja y los ojos hinchados. Sarah agradeció entre espasmos de tos. -Lo siento, hablaré con Jean. –Dijo León. –Hans, ¿Qué hora es? -Tarde si me lo preguntas, me adelantaré a clases. Allá los veo. -No tienes que hablar con tu novia. Solo me causará problemas a mí. Ella cree que estoy enamorada de ti, ¿Sabías eso? –Comenzó a caminar por el pasillo mientras se sacudía la ropa y el cabello. -No te culparía si lo estás. –Sarah se detuvo y negó. León negó y se acomodó su gorrito de lana. –Sarah, quiero disculparme. –Dijo recordando la charla que había tenido con su madre y también con su abuelo. La castaña lo miró fijamente con sorpresa. –Lo digo en serio. Yo me he portado muy cruel y ahora tú me ayudas. -No es nada. Pero me agrada ver que maduras. –Sonrió. –Sé que esto no significas que comerás conmigo durante el almuerzo o nos sentaremos a cotillear. Puedes estar tranquilo. –León sonrió y no dijo más. Ambos volvieron a su clase y Jean casi estalla en ira al ver a su novio llegar con Sarah. Al parecer la hippie no había aprendido su lección. *** No pudo prestar atención a su clase de física pues estaba pensando en que la hora que tenía para estudiar la había perdido. –Hey, vuelve a la tierra. –Recibió un codazo de su mejor amigo mientras el profesor al frente explicaba algo sobre las leyes de Newton. -Pienso en química. Hoy no estudiamos nada. -Tiene solución Bro. Solo dile a Sarah que te explique hoy al salir de clases, en la tranquilidad de tu casa. Yo no podré, tengo ensayo... -Con tu club de teatro. –Rió. El maestro les lanzó una mirada reprobatoria y callaron. Hans asintió y revolvió su cabello. –No es mala idea, le diré. -Bien. Admito que a ella le entiendes, y eso que crees que la química está escrita en el idioma que hablaban en la Grecia antigua. -Lo está. No entiendo, pero si, ella explica muy bien. –Susurró. Miró su lápiz y su libreta y, tomando una hoja, rápido escribió una nota y la lanzó hacía el puesto de Sarah quien si estaba prestando atención. La muchacha alzó la vista al pedazo de papel doblado y lo abrió. "Estudiemos en mi casa al salir de clases, prometo llevarte a tu casa. Por favor Sarah. Te necesito." Miró hacía donde estaba León y negó con la cabeza. - ¿Por qué? –Susurró el muchacho en su dirección. Sarah miró la hoja de papel, no podría decirle el porqué, terminó por escribir en la hoja y se la extendió. "De acuerdo, pero solo media hora. Tengo que llegar temprano a mi casa." León contestó y pasó el mensaje a manos de Sarah. La castaña no tardó en ver la hoja. "Espérame en el estacionamiento, junto al Camaro del 69. No te impresiones, el auto es de mi papá, y tiene más posibilidades de que lo herede mi hermanita que yo mismo." Sarah rió y guardó la nota. Asintió mirando a León. Se sintió aliviado, miró hacía donde estaba Jean y, al parecer, la chica no había pillado su pequeña conversación con la castaña. La última campanada marcó el fin del día, y Sarah fue justo hacía donde León le dijo. Él, por su parte se acercó a Jean un poco enojado. –No puedo creer que encerraras a Sarah en un armario. -Oh, ¿Te ofende? Yo no puedo creer que incluso cuando te dije que dejaras de verla, lo seguiste haciendo. - ¡Que solo estamos estudiando, Jean! Solo eso, necesito pasar química y ella es a quien el profesor asignó. No le hagas más nada, ¿Quieres? Luego hablamos. Tengo que irme. –Salió rápido del salón, luego de asegurarse a qué hora saldría Eleonor del ensayo, y saber que su papá iría por ella, caminó al estacionamiento y vio a Sarah justo en el lugar donde le indicó. –Bueno, gracias por acceder, en serio, no podría aprobar química ni con un milagro. -Solo vámonos. –Rió. –No es necesaria tanta adulación. –León le abrió la puerta y Sarah entró, impresionada por el aspecto nuevo que poseía aquel auto clásico. -Papá ama los autos así. –Dijo León al entrar y colocarse el cinturón. –Claro que solo tiene este, mamá tiene su auto también, algo más sutil y está la camioneta familiar. –Encendió el vehículo y se puso en marcha. Sarah miraba el estéreo. -Tiene buen gusto tu papá. –León terminó por encender la radio dejando que sonara Electric Light Orchestra. –Nunca he oído esa canción. - Se llama Mr. Blue Sky. –Sonrió y comenzó a cantar mientras la chica lo veía. –Mister blue sky please tell us why. You had to hide away for so long. –Canturreaba León entre risas. –Sigo sin creer que no hayas oído estas excelentes canciones. -No suelo escuchar música porque no tengo donde. –Recordó con tristeza cuando su papá rompió la radio. La había lanzado contra el suelo y golpeado con un bate descargando su ira sobre aquel aparato. –No importa. -Qué horror, sin música... no lo imagino. –Tamborileó los dedos al ritmo de la canción. –Papá me enseñó de música. Me dijo que podría oír hasta la diversificación del rock en los noventa y luego de eso, solo canciones de King's Revenge. Tiene favoritas, pero la mía se llama Sun, papá la escribió para mi abuela Cath. -Suena emotivo. –Se quedó escuchando la canción y decidió mentalmente que esa, sería su nueva canción favorita. –Me gustaría poderla poner en replay. - ¿Qué cosa? –Sarah señaló el estéreo y sonrieron. León siguió conduciendo en silencio mientras sonaba la música, al acabarse, él retrocedió la canción volviéndola a poner. Llegaron a la casa de León. Sarah se sorprendió al verla, era una casa normal de suburbios, con un patio que tenía un árbol grande de cual colgaba un columpio. La fachada amarilla, los ladrillos rojos, las flores, y el caminito que daba a la entrada. Se estacionó justo en frente del garaje y los dos salieron. –Aquí vivo. -Es una linda casa. –León sonrió y fue con ella directo a la puerta y abrió. La música sonaba y se escuchaba la voz femenina cantando en italiano. - ¡Mamma! –Gritó León y de la cocina salió su mamá, llevando un delantal y a su lado, Elisa, la pequeña corrió al ver a su hermano y él la atrapó en sus brazos. –Enanita. ¿Cómo estás? -Hola amor. –Magnolia se acercó y abrazó a su hijo mayor dándole también un sonoro beso en la mejilla. –Hola. –Sonrió. –Soy Magnolia, la mamá de León. -Sí, mamá, ella es Sarah. Estudiaremos química aquí en la sala. -Es la niña arco iris. –Sonrió Elisa y Sarah también al oírla. Pasó la mano por sus pañuelos de colores. –Me llamo Eli. -Un gusto conocerla señora, y Eli. -Bueno. –Magnolia cargó a su niña de cuatro años y alzó las cejas. –León te dejo estudiar con tu amiga, Elisa y yo tenemos que terminar la cena. Dentro de un ratito les traeré refrigerios. –Sarah se sentó en el sofá y vio las fotos de las paredes y las mesas. León con dos niñas que supuso eran sus hermanas. El equipo de los Red Falcons, la mamá de León junto a un hombre que supuso era el padre de este. -Ese es papá. –Confirmó el chico. –Se llama William. -Son una de esas parejas que miras y dices "Wow, combinan". -Si. La verdad, sí. –Se sentó al lado de Sarah y sacó su cuaderno, la chica también lo hizo y, sin extenderse más, comenzó su explicación acerca de la clasificación de compuestos. Mientras hablaba y León arreglaba sus apuntes, Elisa salió con una bandejita de pequeños strombolis. Los dejó sobre la mesita de café en frente de su hermano. -Mami les manda algo de comida. -Eli, gracias. –León extendió la mano y mordió el primer rollito de stromboli, saboreó la salchicha desmenuzada dentro y miró a Sarah. –No puedes comerlo, eres vegetariana. - ¿Qué es vegetariana? –Preguntó curiosa Elisa a Sarah. -Ah. –Sonrió la chica. –Pues vegetariano es una persona que come vegetales, no come nada de carnes, ni embutidos. –Contestó a la pequeña. –No se preocupen, muchas gracias Eli. - ¿Y comes galletas? –Sarah rió ante la ocurrente pregunta y asintió mientras León comía el segundo rollito de carne con queso. -Sí, las galletas son importantes. –Sonrió. La pequeña dejó corriendo la sala, León comía ya su cuarto rollo y se lamía los dedos llenos de salsa. –Lo disfrutas. –Rió Sarah. -Sí, mi mamá cocina delicioso. –Dijo chupándose el pulgar. –Voy a buscar algo para ti. Me siento mal comiendo y que tú no tengas nada. -No es necesario. Solo, lávate las manos y seguimos con el estudio. –León dejó el sofá y fue al baño a hacer lo pedido por su tutora. Mientras ella repasaba para seguirle explicando a su compañero, Elisa salió junto a su mamá. -Mamá, ella es vege... vege... -Vegetariana. –Terminó Magnolia. –Oh niña, perdona. –Dijo colocando varios sándwiches de tomate y espinaca en un platito. –Elisa me dijo, y debes tener hambre. -Y yo te puse una galleta de chocolate. –Sarah sonrió agradecida. –Bon appetit. -Gracias señora Lancaster. ¿Le importa si me los llevo? –León salió y se encontró en la sala con su mamá. -Ma, los strombolis estaban deliciosos. –Magnolia sonrió. –Te quedaron para chuparse los dedos. -Si te conozco bien, lo hiciste amor. Y Sarah, no hay problema. Si no quieres merendar aquí puedes llevártelos. Los dejo estudiar. –Tomó a su hija pequeña de la mano y volvieron a la cocina. Sarah guardó los cuatro sándwiches en una bolsa de papel que tenía en la mochila y los metió dentro. Miró la galleta que le había dejado Elisa y tomándola, la comió. Al terminar siguió su explicación de manera lenta y con lenguaje sencillo para que León entendiera. El tiempo se pasó volando, tanto, que supo que ya era muy tarde cuando por la puerta principal entraron el padre de León y su hermana del medio. –Rawr. ¡Hola Sarah! –Sonrió Eleonor. -Hi! –Sonrió el padre de León. Sarah comenzó a recoger rápido sus cosas un poco asustada, miró su celular y deseó haber estado más pendiente. Eran más de las siete y ya tenía muchas llamadas perdidas de su padre. -Hola, debo irme. León. - ¿Por qué no te quedas a cenar y luego te llevo? –Preguntó con curiosidad, Sarah negó y se colgó el bolso. –Bien. Ya regreso. Papá. –Sonrió y abrazó al hombre, tan parecido a él en muchas cosas. –Vámonos Sarah. –Al salir, la chica vio que ya no había en lo absoluto luz solar, subieron al auto y ella le dio la dirección. -Perdón, pero se me hizo muy tarde. No me fijé de la hora. -Pudiste quedarte cenando, luego te habría llevado y les diría a tus padres porque llegaste tarde. –Sarah negó, pudo notarla nerviosa, asustada, más pálida de lo normal. –Supongo que son muy estrictos... -Sí, algo. –Suspiró. Todo quedó en un incómodo silencio mientras él conducía. –Detente aquí. –Dijo Sarah a una calle de la dirección que le había dicho. –Por favor detente. –León lo hizo y ella bajó tan rápido como pudo. Caminó casi corriendo por la acera. León apagó las luces y al verla doblar la esquina condujo lento, siguiéndola. No pudo ver en cual casa se metió. Terminó por encender las luces y volver a su casa, ya era tarde. *** Sarah abrió la puerta temblando. Su padre estaba del otro lado con el cinturón en la mano. No dijo palabras, al verla entrar se acercó molesto y agitó el pedazo de cuero en contra de su hija golpeándola con la pieza metálica justo en las costillas. –Casi dos malditas horas tarde. ¿Dónde estabas y con quién? -Nadie, nadie. –Dijo casi en sollozos. El hombre golpeó la mejilla de su hija en un bofetón. El golpe le hizo probar el sabor de su sangre que salía de la comisura de su labio. -Ve a tu cuarto, sin comer. ¡YA! –La levantó del cabello jalándoselo. –es para que aprendas a no mentirme y más a no ser tan puta. –Volvió a golpearla con su mano rompiéndole el labio un poco más. Sarah se fue a su cuarto y luego de limpiarse un poco con un pañuelo, se acostó en su cama. Más de media noche y tenía hambre, mientras oía a su padre beber afuera, ella comió uno de los sándwiches que le había dado la mamá de León. Al menos, el día con eso no había acabado tan mal. ***
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