Margaret sonreía y atendió a la pareja, mientras que Timoteo no le despegaba la vista a Fernando quien fingía prestar atención a lo que platicaban las mujeres cuando lo observaba de reojo. —¡Siéntense por favor! —Margaret ordeno que sirvieran la comida. —Buen provecho. —Dijo Timoteo, sin dejar de ver a la pareja. Todo comieron en silencio mientras que las miradas hablaban por ellos, Fernando tenía una devoción con su esposa, como todos los recién casados, Luz le sonreía de manera coqueta, a modo que el amor entre ellos brotara hasta por los poros. —Qué bonita pareja hacen. —Alabo Margaret, para despejar el horrible silencio que reinaba en el lugar. Después de haber comido los hicieron pasar al salón donde ellos reciben las visitas, Luz se sentó a la par de ella, Timoteo sirvió una co

