CAPÍTULO VEINTICINCO Ella, Byford y el comisario Hunter estaban de pie entre sus oficinas en la comisaría de la policía de Newark. —Es él —dijo Byford—. Tiene que serlo. El comisario Hunter se rascó la barba incipiente. A Ella le pareció que él no debía haber visto una cama en semanas. —Digo lo mismo. Es obvio que ese hombre es problemático. Tiene algo que ocultar. Ambos se volvieron hacia Ella, esperando su opinión. Ella volvió a mirar hacia la zona de la celda y se ató el pelo, evidentemente grasiento, hacia atrás. Se limitó a negar con la cabeza. Byford y Hunter suspiraron al unísono. —Ella, ¿en serio? Basta con mirar a ese hombre para que te diga todo lo que necesitas saber. —Hay algunas cosas que no me cuadran. El teléfono del comisario sonó, pero él lo envió al buzón de voz.

