Todo el laberinto de vidrio había desaparecido, cuando volvimos a subir, un grupo de hombres salió disparando fuertemente, empezamos a retroceder, pero lejos de avanzar, se fueron por otro camino. —Lo están sacando de aquí, hay que seguirlos —dijo Carlos. —Vamos, no dejen que escapen —ordeno Raúl y todos sus hombres empezaron a contraatacar. En cambio, Silvio y sus hombres se quedaron en el mismo punto. Cuando todos se habían marchado, Silvio fue hasta el lugar de salida del resto de hombres. Al entrar y revisar el sitio, encuentra una entrada, está se abrió y ahí estaba Abraham. —Al parecer tu vida está en mis manos. —No puedo creer que fueras tú, podía desconfiar de cualquiera, menos de ti, te di todo. —Pero su mejor me quitó lo que más quería. —Te enamoraste, el hombre que fue e

