En silencio y dispuestos a escuchar a la reina Rainelys, todos permanecían a la espera de lo que ella fuera a decir, sin ocurrírseles ni por un segundo la idea de soltar una sola palabra, a menos que ella lo solicitara. El cielo de Chmarat estaba teñido de un rojo carmesí. Erick miraba como las alas de su reina se notaban rígidas y sin brillo, con un tono oscuro, propio de cuando la reina estaba requiriendo de todas sus fuerzas para controlar sus emociones, para no salirse de control y explotar contra el primero que tuviera enfrente, en este caso la mesa llena de representantes de algunas especies, las más destacadas, porque estaba claro que allí no estaban todos, solo los que más se valían del reino sin ley para desterrar a sus ciudadanos por algún motivo, siendo este uno de los mayore

