Tiempo antes....
Ava.
Un suspiro cansado es lo que sale de mí mientras empaco mis cosas luego de terminar otro día monótono y sin resultados.
Porque mi clase de historia antigua es catalogada como las más aburridas del día, y la cual doy cuatros días a la semana.
Mis alumnos la cursan porque es obligatoria para poder aprobar sus carreras, esto último se aplicó porque los jóvenes universitarios le daba igual el pasado.
Y lo comprendo, pero tampoco entiendo su fastidio ya que para mí la historia es como ir a esa época leyendo sus escritos.
Muchas veces me encontraba soñando despierta en que como se vería esa época y lo mucho que desearía haber nacido ahí.
Pero supongo que a cada quien le toca su lugar en el mundo, y lastimosamente el mío pertenece al siglo XXI.
Solo me toca imaginar las épicas batallas y aquellos gallardos y sexys guerreros.
Hay uno en especial que siempre ha llamado mi atención de un clan en concreto llamado Paden Armstrong, líder de Clan.
Según los escritos históricos lo muestran como un fuerte guerrero que ganó muchas batallas.
Pero jamás se casó porque nunca encontró la mujer indicada para él que soporte todo lo que es estar con un hombre de esa índole.
Y es comprensible porque lidear con un guerrero, más aún si este es el líder de un clan lo hace mucho peor.
Eso último me causa un poco de tristeza porque nadie merece morir solo sin descendencia.
Paden Armstrong murió a los sesenta años a causa de una emboscada a traición de uno de su gente que lo traicionó por dinero.
Así que pereció en la gloria como guerrero pero solo en familia.
No se han encontrado registros de si en verdad el líder guerrero tenia hermanos o hermanas.
Fue difícil para los historiadores poder hayar algo real y con pruebas.
Solo ruego que cuando suceda yo tenga vida para verlo con mis propios ojos.
Me calzo el bolso en el hombro derecho y enderezo mi falda tubo negra con tacones color crema y una camisa de vestir blanca con bordados dorados.
Tengo mi corto cabello castaño en una coleta alta y mi rostro sin maquillaje.
Y no porque no quiera sino porque no sé maquillarme.
Nunca aprendí.
Siempre me enfoqué en mis estudios.
Quería enorgullecer la memoria de mi familia.
Porque sí, soy huérfana desde los dieciocho años que entré en la universidad becada para estudiar historia antigua.
Fue el momento más agridulce de mi vida porque en ese lapso de tiempo también acababa de perder a mi familia a causa de un accidente automovilístico.
Mis padres y hermana menor murieron en el acto.
Y el culpable del accidente está pagando su condena pero aún así siento que solo ocho años por homicidio en estado de embriedad no es suficiente.
Total, él saldrá en tres años y ellos seguirán muertos.
Y yo completamente sola.
Eso en especial es lo que más me duele porque si yo soy una persona introvertida ahora me cuesta mucho más socializar.
En vez de eso fantaseo y me enamoro de un sexy Guerrero que murió siglos atrás.
¿Que si soy patética?
Lo soy.
Bastante.
Camino por el concurrido pasillo de la universidad para salir del mismo porque ya es mi última clase.
No soy una mujer de belleza excepcional pero que con los años se aprendió a aceptar.
Miro en las esquinas reunidas a las Barbies de carne y hueso reír entre ellas, y lo cierto es que a su edad me hubiera gustado tener esa seguridad y belleza que ellas tienen.
¿Envidia? talvez.
Ya que algunas nacen con estrella y otras como en mi caso estrelladas.
Siempre fui lo más básico en belleza con mi corta melena castaña, mis pecas en nariz y mejillas, nariz respingona con ojos cafés de labios delgados rosados.
Soy delgada con curvas suaves con pechos y trasero pequeños.
Ajá, dios a la hora de distribuir pechos y traseros me dió solo un poquito de cada cosa.
En fin, mis tiempos de autocampadecerme por eso pasó.
Ahora que soy una mujer adulta de casi veinticuatro años sé que la belleza es efímera, y que lo en verdad cuenta es lo que tu seas por dentro.
Y yo estoy segura de lo que soy.
Ya en mi auto tomo la autopista para dirigirme a mi casa.
Aquel que me costó meses de comer limitado para poder pagarlo.
Pero sin duda valió la pena porque ya no tengo que ir ni en metro ni bus.
Al dejar a mi auto en su parqueo de la nada un papel me da de lleno en el rostro haciendo que jadeara de la sorpresa.
Al quitarlo de mi cara para ver de que se trataba frunzo el ceño.
En letras cursivas y negras dice:
Gran exhibición de armamento, pinturas y ropa de los clanes de 1345 en adelante donde la magia del pasado te atrapará.
La emoción que sentí al leer esto fue inmenso.
Es mi sueño hecho realidad, miro la dirección y chillo feliz porque está cerca de donde trabajo.
No sé que obra del destino me trajo este volante pero lo agradezco.
Amo la historia y ver las requilias de uno de mis clanes favoritos es algo maravilloso.
¿Será que habrá un cuadro del líder?
Eso me emociona porque nunca he visto al líder más halla de descripciones en libros más no en una imagen.
Me desnudo ya en la comodidad de mi cuarto sola en mi pequeño departamento para darme una ducha.
El agua tibia calma toda la tensión de mi cuerpo pero con todo eso la sonrisa no se me borra porque no más saber que iré a ese museo me tiene alucinando en expectativas.
Aunque mi fuero interno me dice que no sea tan tonta y que tenga cuidado.
Solo que es inevitable ilusionarme cuando veré por fin como es el hombre de mis sueños.
Paden Armstrong.
El Ceannard del Clan Armstrong.
Finalmente me acuesto con mi pijama de ositos de dos piezas dónde me cobijo con un sentimiento acogedor como si algo me dijera que mi vida iba a cambiar.
El problema es que jamás pensé que fuera hacerlo de una manera que jamás habría imaginado.
A la mañana siguiente me levanté con mucha energía ya que tenía la ilusión de ver cómo era mi amor platónico.
Sí, ya sé que suena patético pero no puedo evitarlo.
Supongo que ese el reflejo de mi soledad y lo mucho que no soy normal.
No debo serlo para soñar y añorar a un hombre que murió hace siglos atrás.
Jesús, soy tan patética.
Me alisto rápidamente porque tengo que llegar a tiempo a dar clases.
Hago una mueca porque sé perfectamente que ninguno de mis alumnos me prestará atención, pero aún así debo seguir el plan escolar.
Nadie me entiende.
Solo mi madre lo hacía, y la extraño tanto.
Ira y tristeza se mezclan dentro de mí, obligando me a no pensar en como me quedé sola porque no gano nada.
Ellos no volverán por más que lo desee.
Me enfundo en una falda tubo negra que se ajusta a mis curvas, mi blusa de lino blanca y dejo mi corto cabello castaño claro suelto y no me preocupo por maquijarme, total tampoco sé cómo hacerlo.
No quiero parecer una payasa.
Y no tendría el valor de nuevo para enfrentarme a quienes seguro se burlarían de mí.
Así de tonta soy.
Subo a mi auto, ese que con mucho esfuerzo compré y me dirijo a la universidad.
Media hora después estoy ahí luego de dejar en el estacionamiento mi auto para ir a la cafetería a comprar algo para desayunar.
Miro de reojo a los demás profesores, los cuales suelen olvidarse de mí a menudo y eso que ya llevo cierto tiempo trabajando con ellos.
Y que se olviden de mí duele más que se burlen directamente.
La indiferencia es más dura.
Me hace sentir más sola de que lo ya estoy.
Pido mi desayuno para ir a sentarme en la última y solitaria mesa en la sala común de profesores mirando mi teléfono cuando una sombra me tapa la luz haciendo que levante la cabeza.
—Hola, ¿puedo sentarme?
La pregunta de uno de los profesores me saca de órbita porque ellos nunca me hablan salvo para cosas relacionadas con el trabajo.
Ni siquiera me acuerdo de su nombre.
Soy tímida, y me da vergüenza no acordarme de su nombre.
Seguro mi cara no muestra la angustia sino indiferencia y quizás por eso soy apartada.
Me toman como antipática.
Cuando la verdad es que soy tan tímida que no se cómo desenvolverme a menos que esté dando clases, ahí soy otra.
Amo lo que hago.
Mierda, otra vez estoy divagando.
—Eh, supongo que no...Tranquila profesora Clark, me retiro—Dice la voz incómoda del hombre para marcharse hacia otra mesa con mis compañeros.
Joder, perdí mi oportunidad de hacer.
Puedo sentir las miradas de desagrado de los demás y me siento encoger.
Porque la gente no se da cuenta que solo soy tímida, acaso no lo gritan mis ojos a todo volumen.
Suelto un suspiro de resignación y continuo mi desayuno con la esperanza de que eso cambie algún día.
El problema es que no sabía que mi vida cambiaría pero no de la manera en que yo creía.
Llevándome a vivir cosas que nunca imaginé.