Episodio 4

2260 Palabras
Después de la cena, Ayse se disculpó y se retiró a su habitación. Necesitaba tiempo a solas para procesar todo lo que había ocurrido esa noche. Se sentía atrapada en una red de secretos y mentiras, y no sabía en quién podía confiar. ¿Había vuelto a Turquía para estas cosas? Mientras se recostaba en su cama, Ayse miró por la ventana hacia el cielo estrellado de Estambul. Sabía que tenía que ser cautelosa y descubrir más sobre Mehmet Polat y sus verdaderas intenciones. No confiaba del todo en el aura que lo rodeaba, era todo demasiado… turbio. La historia de su vida como bailarina de clandestina y su identidad como Ayse Karaman estaban en juego, y estaba decidida a proteger ambos a cualquier costo. Después de retirarse a su habitación, Ayse no pudo evitar dar vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño. La cena con Mehmet Polat había sido más tensa de lo que jamás hubiera imaginado, y estaba segura de que su presencia en la casa de su abuelo era algo más que una simple invitación. Ella conocía a su antecesor y no era alguien que confiara fácil en las personas. Mientras reflexionaba sobre la situación, el sonido de su teléfono móvil interrumpió sus pensamientos. Ayse tomó el dispositivo y vio que tenía un mensaje de su madre. "¿Estás bien, Ayse?" decía el mensaje. "Necesitamos hablar. Ven a mi habitación." Ayse se apresuró a vestirse y se dirigió a la habitación de su madre. Al entrar, encontró a su madre sentada en una silla junto a la ventana, mirando fijamente la noche estrellada. —Madre, ¿qué está pasando? —preguntó Ayse, preocupada. Su madre se volvió hacia ella con una mirada seria. Parecía aterrada, incluso traumada. —Necesito contarte algo, Ayse, algo que afectará a toda la familia. Pero primero, quiero saber si puedes confiar en mí por completo. —expresó sonando bastante desesperada. Ayse asintió con determinación. A pesar de todas las preguntas sin respuesta que rondaban en su mente, confiaba en su madre más que en nadie en el mundo. Si ella decía que era algo que podía afectar negativamente a los Karaman, sin duda alguna le creería de inmediato. —Claro que puedo, madre. Siempre te he confiado mis secretos. Su madre suspiró y comenzó a hablar en voz baja, como si temiera que alguien pudiera escuchar. Ayse estaba comenzando a asustarse de verdad, nunca la había visto de esa manera. —Mehmet Polat no es quien parece ser. No está aquí simplemente como un invitado de tu abuelo. Está involucrado en actividades ilegales y, según mis fuentes, tiene conexiones con una organización criminal internacional. —declaró soltando la bomba sin ninguna anestesia. Las palabras de su madre la dejaron sin aliento. La tensión que había sentido durante la cena tenía una explicación mucho más oscura de lo que había imaginado. ¿Trabajo ilícito? —¿Cómo sabes todo esto, madre? —preguntó intentando mantener la calma. —He estado investigando discretamente desde que llegaste. Me puse en contacto con algunas personas en Estambul que tienen información sobre él. No puedo arriesgarme a que te involucren en sus asuntos turbios. —comentó entrando a la habitación y sentándose en la cama. Ayse asintió, comprendiendo la necesidad de mantener esta información en secreto. La presencia de Mehmet Polat representaba una amenaza real, y necesitaban entender más sobre él y sus motivos. Su madre la miró con determinación. —¿Qué debemos hacer, madre? —interrogó tomándose muy en serio lo que decía. —Debemos seguir investigando y reunir más información sobre Mehmet Polat. No sabemos qué sabe sobre nosotros ni cuáles son sus verdaderos objetivos. —comentó seriamente. Ayse asintió con seriedad. Comprendía la gravedad de la situación y estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para proteger a su familia y a sí misma. No dejaría que los dañaran. —Entiendo, madre. Haré todo lo que esté a mi alcance para mantenernos a salvo. Las dos mujeres se abrazaron en silencio, fortaleciendo su compromiso mutuo de enfrentar este peligro juntas. Trataría de mantener tranquilo a su abuelo para recuperarse. Hablaron durante un rato más y después se despidieron con cariño sincero y tranquilidad. La noche continuó con la sensación de que estaban atrapadas en un mundo de secretos y conspiraciones. Ayse sabía que su vida como bailarina de ballet y su nueva identidad original como Ayse Karaman estaban en juego, y estaba decidida a enfrentar los desafíos que se avecinaban con valentía y determinación. Sin embargo, ¿sería capaz de enfrentarse a Mehmet? Debía reconocer que era un hombre que la intimidaba y atraía en partes iguales. —¿Cómo el cielo ha permitido que me tope con alguien como él? —susurró para ella. Ayse bostezó una última vez y se acomodo nuevamente debajo de la sabana para dormir. Regresar a su ciudad no estaba siendo tan relajante como esperaba, todo lo contrario, problemas. Cerró los ojos y a pesar de todas las vueltas que daba su mente, no tardó mucho en dormirse. A la mañana siguiendo despertó muy temprano y bajó directamente a desayunar. El resto de su familia ya la esperaban sentados, a excepción de su abuelo y hermano que dormían hasta mucho más tarde. El primero por obvias razones y el segundo porque simplemente era un flojo. —Buenos días. —saludó dándoles un asentimiento de cabeza y sentándose en una silla. —¿Tienen una mañana placentera? —preguntó por intentar comenzar una conversación. —Podría ser mejor si el abuelo hubiese aceptado que Mehmet hubiese venido a desayunar. —exclamó Hatice dejando salir un suspiró casi desgarrador. —Él quería venir. Casi por instinto miró a su madre, quien solo negó disimuladamente con la cabeza. —¿Cómo la sabes? ¿Te dijo algo? —preguntó no queriendo verse demasiado interesada. La joven asintió y sus labios se curvearon en un puchero de tristeza que casi la hace reír. —Anoche después de que tú te marchaste tuvimos una charla bastante interesante y en eso decidí inventarlo a desayunar con nosotros, ya que se estaba quedando un hotel. —explicó. Ayse pensaba qué responder, pero antes de hacerlo su nana la interrumpió, dejándole un desayuno bastante variado: panes rellenos de queso y aceitunas, frutas y algunas semillas. La joven le agradeció con una sonrisa y tomó la taza de café, dándole un sorbo a la cálida bebida. —¿Por qué el abuelo se negó? —interrogó retomando nuevamente el tema. Honestamente considerando la deferencia que mostró la noche anterior por el hombre, hubiese jurado que su abuelo haría todo lo contrario e insistiría para que los acompañara a todos. —No quería hacer que Mehmet se levantará tan temprano para ello, según que le parecía de “mala educación”. —afirmó haciendo comillas con los dedos en las últimas dos palabras. —Una verdadera lástima. —dijo Ayse sarcásticamente, pero al parecer Hatice no lo noto. La que, si se dio cuenta de su tono de voz, fue la madre de Hatice que la miró enojada. Conociéndola no sería lo único que haría y eso quedó demostrado cuando se limpio delicadamente la boca con una servilleta, para luego centrar su atención en Ayse, sonriendo. —Para nuestra complacencia, el señor Polat asistirá la fiesta de las Chimeneas de Hadas. Así que tendremos la oportunidad de conocerlo mejor, es un joven muy agradable. —exclamó. Ayse ni siquiera hizo un esfuerzo por contener la carcajada que pugnaba por salir, lamentablemente su tía eligió el peor momento para hacerse la graciosa, pues estaba bebiendo agua y terminó por escupirla toda, mojándose en el proceso. Su propia madre la miró extrañada. —Lo lamento. —se apresuró a disculparse tomando una servilleta para secarse. —Es solo que me acordé de algo gracioso que me conto una amiga de Estados Unidos. —mintió. —Definitivamente tu padre hizo mal en complacer tu capricho de estudiar en el extranjero, solo hay que ver como has perdido todo sentido de la educación. —siseó su abuela. Se contuvo de rodar los ojos al ver la expresión complacida de su tía Cavidan. Que suerte que su tío se encontraba de viaje de negocios, sino también tendría que soportar sus comentarios. —Madre, creí que habíamos dejado ese tema hace mucho en el pasado. —comentó Ibrahim Karaman saliendo a defender a su hija. —Mi esposa y yo tomamos esa decisión. —dijo. Definitivamente no extrañabas los “entrañables” desayunos en familia, si había un poco más de tensión seguramente serian capaces de cortarla con un cuchillo de mantequilla. No recordaba alguna de sus visitas en que todos (a excepción de sus padres, abuelo y hermano) dejaran de lanzarles comentarios maliciosos por la vocación que había elegido desde niña. Tal parece que practicar una disciplina tan exigente como el ballet, no era suficiente para su abuela. O probablemente lo sería, si fuese Hatice quien la practicara. Que cosa deprimente. Casi agradece a los cielos cuando terminaron de comer y cada quien se marchó por su lado. Claramente podía sentir las dagas en su espalda disparadas por los ojos del resto, Ayse intentó ignorarlas y lo logró con bastante éxito. Hace mucho que se había acostumbrado a ello. Su humor mejoró mientras se dirigía a la habitación de su abuelo, quería saludarlo antes de salir a dar un paseo por el pueblo con madre. Esperaba que siguiera de tan buen humor como ayer. Ayse tocó la puerta dos veces, escuchó un grave “pasé” y entró con una luminosa sonrisa. —Dede. —se apresuró a decir caminando hacía la cama. —Espero que hayas tenido un buen despertar y una grata comida. —expresó besando el dorso la mano que ofrecía y llevándola a su frente. —Quise traerte el desayuno, pero nana no me lo permitió. —dijo haciéndolo reír. —No me digas mi sol y luna, ¿por qué Gulendam haría tal cosa? —preguntó divertido. La joven le sacó la lengua y se encogió de hombros, provocando que riera nuevamente. Aquel sonido llenó cálidamente su pecho. Hatice podría ser la favorita de su abuela, pero ella lo era de su abuelo y a la hora de la verdad esto tendría mucho más peso. Sonrió muy complacida. —Bueno, habla ya, ¿qué te trae por aquí tan temprano? —interrogó el anciano. —¿No puedo visitar a mi Dede en una mañana como esta? —inquirió fingiendo estar ofendida. Su abuela enarcó una ceja sin creerle ninguna sola palabra. —Taman, taman. —pronunció levantado las manos en señal de paz. —En realidad vine a decirte que iré al pueblo. Su abuelo asintió mostrándose de acuerdo con lo que decía, probablemente lo esperaba. —¿Quieres que te traiga algo? —preguntó nuevamente al verlo tan indiferente. —¿Qué te ha parecido Mehmet Polat? —interrogó en su lugar, dejándola sorprendida. Ayse tragó saliva, tratando de analizar lo que acababa de preguntarle su abuelo. —¿Qué que me parece? —repitió como si fuese un loro. Su abuelo sonrió divertido por su reacción, pero asintió sin más. —No sabría cómo responder, a penas lo conozco. Supongo que es agradable. —expresó encogiéndose de hombros, eso no podía importarle menos. Hikmet se mostró satisfecho con la respuesta de su nieta e intentó sentarse en la cama. —No hagas esfuerzos abuelo, permíteme ayudarte. —dijo Ayse acomodándole la almohada para quedara mucho mejor sentado. —Debes estar muy aburrido de estar encerrado. Terminó con lo que hacía y movió una silla hasta la orilla de la cama para quedar justo en frente de su abuelo. El anciano había quedado completamente en silencio y la miraba con absoluta atención, al principio Ayse estaba confundida, pero empezó a sentirse muy incómoda. —¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara? —preguntó asustada llevándose una mano a la mejilla, suspiró tranquila al ver que se encontraba totalmente tranquila. —No es gracioso, Dede. —Lo regaño cruzándose de brazos con una mueca. —Di lo que tengas que decir, por favor. —¿Sabes que Mehmet asistirá a la fiesta de la Chimeneas de Hadas? —preguntó pasándose una mano por la poco poblada barba blanca. Ayse le dio la razón, ya estaba al tanto. Aquella pregunta era inesperada y la había tomado totalmente con la guardia baja. —Algo comento Hatice durante el desayuno, se veía muy feliz por ello. —comentó. —Quiero que lo acompañes durante todo el recorrido. —declaró sin más. Los labios de Ayse formaron una “O” sorprendida. —Necesito que alguien le sirva de guía turístico. —dijo. —Me siento honrada porque me tomaras en cuenta, Dede, pero… ¿No sería mejor que lo hiciera Hatice? Ella estaría contenta. — “Y yo estaré alejada de él”. Pensó, pero no lo dijo. Hikmet Karaman se apresuro a negar con la cabeza, como si la sola idea lo asustara. —Es una orden, quiero que seas la acompañante de Mehmet Polat durante el tiempo que duren las festividades. —ordenó sin dejar espacios para discusiones. —Él ha estado fuera de Turquía durante muchos años al igual que tú, pienso que se beneficiaran mutuamente. —dijo. No tenía cómo salir de este embrollo entonces lo único que le quedaba era ceder. —Puedes estar tranquilo Dede, no te dejare mal con el señor Polat. —expresó.
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