Capítulo 30 La señora Furléz. Las cosas comenzaron a acomodarse, el doctor Chester se fue con su hijo, mi tía fue a preparar café y Arcángel fue a comprar pan dulce por encargo de mi tía, ya que; si era amigo mio, automáticamente también lo era de ella. Me senté en el sofá grande y la señora Furléz se sentó en el sofá individual, cruzando sus piernas con medias negras, su vestido vinotino perfectamente sin arrugas y un sombrero a juego, su cabello recogido... estaba lista para salir en la portada de una revista inglesa. -Es bueno verla señora Furléz –dije con entusiasmo-, había un camión ambulante promocionando la función del viernes. La señora Furléz me analizó unos segundos con real interés, sus ojos verdes escudriñadores. -Sí, la gobernación nos volvió a solicitar para recompensar

