Cuando abrí lentamente mis ojos ya era de mañana y seguía allí, él estaba conmigo. Me sonrió con sus hermosos ojos verdes tan claros que parecían resplandecer dejando un beso en la punta de mi nariz y abrazándome con un buenos días. Por irónico que pareciera era la primera vez que despertaba y se quedaba a mi lado, me incorporé de golpe. - ¡El desayuno con tu familia! Es tarde - mire mi reloj e intente levantarme, pero el optó por sonreírme atrayéndome a su lado - Pueden esperar... Quiero quedarme un rato más, tenías razón debí quedarme antes así contigo en lugar de correr contra el tiempo – oculto un mechón de cabello tras de mí oreja y acaricio mis ojos - Perdóname por hacerte pasar por tanto. Milles me contó sobre el interrogatorio y... Si no fuera por esas palabras yo habría seguido

