Capítulo 3: el juego de la seducción

1367 Palabras
Capítulo 3: el juego de la seducción Ella apartó la mirada rápidamente mirando algún otro punto de la mesa podía notar que al igual que en el consultorio se había puesto nerviosa, su rostro completamente rojo delatándola. Aparté la mirada de ella sonriendo internamente sabiendo que me recordaba, eso era un buen indicio para mi movida. Quería que fuera mía. Paciencia, paciencia, paciencia. Tenía que lanzar bien mis cartas, convencerla, seducirla y luego meterla a mi mundo para jugar, claro que siendo mi alumna tenía que ser una secreto... así era más divertido. Disfrutaba cada etapa, en especial esta, la etapa de seducción, me alzaba mucho más mi ego. Miré al resto de la clase, todos me observaban con atención, así me gustaba que todos estuvieran debajo de mi dominio, tener todo controlado. El control era mi arma más poderosa y cuando no lo tenía me sentía muy fuera de lugar y hasta un poco disperso. —Hola, un placer clase de ingeniera —empecé—. Soy Hades Parker, el doctor; Hades Parker especializado en pediatría, también tengo el título de abogado, e ingeniero, no soy psicólogo, pero tengo cursos de terapia, salud mental y neurociencia, además de que soy un aficionado de la hipnosis. Así que les impartiré psicología por este semestre que verán esta materia ¿alguna pregunta? Todos parecían haberse quedado pasmados por medio segundo, me parecía incluso gracioso, pero ¿por qué ocultarlo? Era grandioso, tenía dinero, inversiones, cualquiera mataría por ser yo, menos yo... para alguien que lo tenía todo en esta vida a veces todo era muy vacío y solitario, mi circulo de amigos era muy reducido a solo personas con las que me sentía cómodo, eso incluía a mi mejor amigo Taylor la persona más cercana a mí, solo que él se había ido a Europa por unos meses, esperaba que en el viaje de mi gira por Europa pudiera reunirme con él. Uno de los chicos de la clase pareció perder la timidez y alzó la mano pidiendo la palabra, al menos alguien con cerebro para variar. Lo señalé para que hablara. —¿Por qué estudió las cosas más difíciles? —dijo. No, hablé muy pronto, obviamente no tenía tanto cerebro si abrí la ronda de preguntas para cosas de la clase no personales. Me encogí de hombros. —Buscando retos. —me limité a decir, desde que era un bebé mi cerebro se desarrolló de una manera más avanzada que el resto, mi padre y mis abuelos lo notaron, aprendí a correr, a hablar, a comer, a leer y a analizar problemas matemáticos antes de los 6 años, me catalogaron como un niño prodigio, siempre estaba sediento por saber más, nada era nunca suficiente, al crecer y desarrollarme fue peor porque la facilidad con la que comprendía todo me hacia sentir anormal, pasé por la burla de mis compañeros que me tenían envidia y me gradué antes que el resto, estudiar cada carrera de manera simultanea nunca fue difícil ni complejo para mí, nada parecía ser incomprensible para mí, como si el mundo y su ciencia estuviera a mis pies. Otra chica alzó la mano pidiendo la palabra y la señalé para que empezara a hablar, casi giré los ojos cuando comenzó a pestañear en forma de coquetería, no me gustaba cuando las mujeres quería coquetearme, a mí me gustaba cazar y seducir. —¿Usted escribió los libros de hipnotismo? —preguntó. Obviamente. Me controlé para no responderle mal y solo respondí: —Así es. Otro chico alzó la mano, al parecer todos comenzaban a querer intervenir y poco a poco apartaban la pena, eso era bueno para que la clase fluyera mejor. —¿Puede darnos clases de hipnosis? —preguntó. Quise reírme en su cara, pero solo lo hice entre dientes, por dios, el día que estos niños lograran controlar la complejidad de la hipnosis ya estarían muertos de vejez, fueron años de investigación y perfección para mí, no se aprendía de la noche a la mañana. —Puedo darles una introducción porque esos no son los temas que les daré —dije para no hacerlos sentir tan mal de que fueran inútiles e inferiores a mí—. La hipnosis es un arte peligroso que no todos pueden dominar porque pueden destruirte, es manejar el cerebro de una persona. Cosa que evidentemente solo pocos lograban controlar. —¿Otra pregunta? —continué sintiéndome ligeramente fastidiado de estar aquí. Esta vez fue otra persona en alzar la mano, siendo sincero, esperaba que Nube preguntara algo, pero ella parecía simplemente restringida, le cedí la palabra. —¿Puede volar también de casualidad? Sabía a lo que se refería su pregunta sarcástica a veces por el asperger se me hacia difícil diferenciarlo, desgraciadamente no podía por mí mismo porque iba contra la física, pero sí me interesó ser piloto. —Sí, hice clases de aviación. —respondí. Todos parecieron ahogar gemidos de asombro y verme como el hombre poderoso que soy, no estaba demás que me alzaran el ego, eso llenaba de alguna forma mi autoestima. Me voltee y comencé a escribir en el pizarrón los objetivos que veríamos, la clase de hoy era breve porque solo era una introducción de lo que daría, dejé mi correo para contacto y mi respectivo horario en el que estaría disponible para responder estrictas preguntas de la universidad, de lo contrario solo bloquearía los números. —Es todo por hoy, pueden retirarse —dije yendo a mi escritorio fingiendo estar interesado en algo de mi celular pero en realidad esperaba el momento adecuando para llamar a Nube a mi oficina. Mi pretexto era que ella tenía que firmar una hoja importante de coordinación, de ese modo podría estar cerca, hablar con ella, saber como pensaba y si se expresaba de un modo que me cautivara a seguir en este juego de seducción. Esperaba que no me decepcionara. Ella arregló su bolso a punto de salir, podía ver a un chico que la observaba, la miraba con fijeza como si tuviera intenciones de tocarla y de hecho lo hizo, tomó su brazo, ella se sobresaltó y por su lenguaje corporal supe que no estaba cómoda. Intercambiaron un par de palabras y aun así no la veía comoda sino cada vez más incomoda y él cada vez más intenso; casi acosándola, podía percibir que había enemistad pero por la forma que se miraban estaba seguro que hubo un sentimiento, así que podía concluir que ese era su ex; Rafael creo que así se llamaba. Creo que era hora de acabar con su agonía y sinceramente ya me estaba molestando un poco que se acercara tanto a ella cuando yo la tenía en la mira. Me crucé de brazos y la llamé: —Señorita Queen. Ella pareció tensarse y se volteó rápidamente, sus ojos ampliados en sorpresa mirándome, sus ojos grises me envolvían y me atraían, era bastante guapa, lo peor es que ella no parecía ser consciente de eso o le daba igual. No dejé de mirarla, era algo muy intenso cuando ella me miraba de esa forma nerviosa y tierna pero a la vez firme y retadora, había algo que me atraía hacia ella de una forma que no podía describir pero me gustaba. —¿Sí, profesor Parker? —preguntó pareciendo de repente curiosa, mi apellido en sus labios, joder, por un momento me la imaginé contra el escritorio mientras la embestía por detrás, su culo rebotando mientras yo le daba sin piedad y ella gemía por más gritando mi nombre. No, no, no, calma, calma. ¿Desde cuando le daba tanta rienda suelta a mi imaginación? Tenía que calmarme. —Ven. —dije, miré por un momento a Rafael que tenía la mirada fija en mí con envidia y agregué solo para hacerle saber que yo tenía el poder: — Ahora. Ella se soltó del agarre que tenía Rafael en su brazo y se acercó a mí con la mirada fija en la mía ocasionando que la tensión incrementara y solo me la imaginara dentro de mi juego haciéndola mía, gimiendo por más. Maldición, estaba impaciente por tenerla. Sonreí levemente, era hora de mover la primera pieza.
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