Capítulo 5: Problemas a la vista
Al salir de la universidad que iba bajando las escaleras alguien me tocó el brazo, me tensé ante su contacto físico y me solté volteando, odiaba que me tocaran.
Era una mujer con una enorme sonrisa.
—Hola, doctor Hades. —dijo, sino estaba equivocado era una profesora de aquí.
—Buen día. —me limité a decir.
Iba a seguir pero me siguió y tuve que detenerme.
—Soy la profesora Paula Pompeye —dijo— soy profesora de matemáticas.
¿Y a mí que me importa?
Aguanté mi lengua, tenía que ser al menos cortés con las personas.
—¿Qué se le ofrece? —pregunté.
Ella movió su cabello un poco en un sutil coqueteo, era engreída y se creía guapa, de seguro al hacer eso captaba la atención de muchos hombres.
No lo suficiente para tentarme.
No me gustaban las mujeres que se me ofrecían de buenas a primeras.
—Solo vine a presentarme y a decirle que he tenido un dolor en la espalda desde que estuve enferma de los pulmones hace unos meses, entonces...
—Debe ir con un medico —la interrumpí.
—Pero usted...
—Mis consultas son pagas en la clínica y... —señalé alrededor— no estoy en la clínica, un placer conocerla Paula.
—Doctor —dijo deteniéndome otra vez para mi desagrado— ¿va a la vía del centro?, podría acompañarlo.
—No voy —me limité a decir aunque en realidad sí iba, no quería compañía.
Me fui girando los ojos, que molestia era perder el tiempo con personas que querían consultas gratis o simplemente querían estar como pegostes a mi lado.
Me monté en mi auto y fui a la clínica, luego al club Placer a ver si los proveedores habían traído mercancía, despedí a dos trabajadores que no hacían bien su trabajo.
Me llamó mi hermano Dionisio, lo tenía guardado como “hijo de puta” porque no me gustaba guardar ningún contacto de mi familia o conocidos por sus nombres, era por seguridad en el caso de sufrir algún hackeo o robo, no podrían extorsionarme.
—¿Qué quieres? —dije al contestar.
—Tan dulce como siempre —dijo y evidentemente podía reconocer su sarcasmo después de tantas veces que me lo dijo.
—¿Qué quieres? estoy ocupado —repliqué.
—Cuando no lo estás —dijo.
Eso era cierto.
—Vale —continuó diciendo Dionisio—, Emilia ha estado estresada en el instituto por las clases y el Sebastian tiene la edad donde destruye todo y se acaba de tragar un control.
—¿Un qué?—dije incrédulo y vaya que pocas veces me tomaban así de sorpresa.
—Un control —repitió—, del acondicionador de aire, se lo tragó ni me preguntes como.
—No iba a preguntar como —repliqué—, si evidentemente fue porque no estabas pendiente de que no se lo tragara.
—Estaba la niñera y... como sea —dijo—, necesito saber que hacer.
—¿tiene alguna reacción? ¿se siente mal?
—No —dijo—, está muy normal.
—Entonces puedes darle algunas ciruelas pasas, jugo de lechoza o cualquier cosa que le permita ir al baño, está al pendiente cuando defeque y si logra sacar el control. Si no lo hace mañana tráelo a mi consulta por la tarde.
—Vale bro, gracias, te amo.
Le colgué.
Miré la pantalla de mi teléfono, era un mensaje de Demitri.
Agente 1: Señor, alerta del auto de Arcangel rondando los alrededores de la casa.
Maldición.
Me apresuré a responderle:
Hades: ¿Qué le hicieron?
Agente 1: No se efectuó ninguna acción señor, pasó una calle cerca.
Este hijo de perra de Arcángel estaba rondando, tomé una profunda respiración, desde que volvió había estado amenazándome indirectamente.
Si tuviera pruebas de acoso ya lo hubiera metido preso, pero necesitaba comprobar algún ataque o amenaza para poder demandar, no solo su presencia, desgraciadamente.
Mi teléfono le entró una llamada, miré la pantalla, y alcé ambas cejas al ver que decía Nube Queen.
Sonreí.
Tenía el número registrado porque al dar mi número en clases tenía que aceptar llamada de mis alumnos en el horario establecido y yo era de los que no contestaban número de desconocidos, así que tenía que tenerlos de una vez en el teléfono.
Estábamos evidentemente fuera del horario establecido, pero...
Para ella no estaba ocupado.
Me eché hacia atrás en la silla y atendí.