El camino al Wanda con mi hermana fue tan silencioso, como cuándo éramos pequeñas y solíamos pelear por quién sería la esposa de David Beckham. Ahora, teníamos veinti y algo de años y novios casi iguales de guapos que el inglés. —¿Te pasa algo? —pregunto. Estábamos entrando en el parking del estadio y mi hermana voltea a verme—. ¿Me odias de la nada o qué? —No te odio, boba —murmura—. Sólo no estoy preparada para decirle adiós a esto. Vuelvo mi vista al frente y caigo en cuenta de que hoy sería un día repleto de despedidas. Ya Lucas no juega más con la rojiblanca, es el último partido en casa para Sophia y para mí, la despedida de Godin y quién sabe que más podría pasar. Nos bajamos del coche y entramos al establecimiento como llevábamos haciéndolo toda la temporada. Pasamos p

