Pestañeo varias veces, intentando quitar de mi vista a las dos personas que menos quería ver. Ambos me observan confundidos y caigo en cuenta de que llevo un largo rato pestañeando. —¿Quién va primero? —pregunto, haciendo referencia a quién hablaría conmigo primero. —Antoine —suelta Sophia. El francés la mira decepcionado, ella levanta los hombros desganada y se va hasta donde estaban los demás. —Dale —murmuro, apoyando mi mano en el coche. —Lamento haberte tratado como lo hice anoche. No tenía que haber reaccionado así, pero tienes que entender que no puedo encargarte a Mía como si fueras una niñera, porque no lo eres y no dejaré que renuncies a tu trabajo por eso. —Ya renuncié —espeto, ladeando mi cabeza. —¿Qué? —cuestiona sorprendido—. Amélie, te juro que...

