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1584 Palabras
Robert decidió prender el televisor y poner algo de noticias. Desde que había salido a la luz el virus AAA23, cada hora daban alguna primicia, lo que hacía que se tuviese que estar pegado al televisor o las r************* todo el tiempo. Para mí era algo complicado entender el idioma, pero apenas apareció un hombre dando la nueva noticia, Robert comenzó a explicarme lo que decía. — Está hablando sobre el lugar donde se originó el virus —tragó saliva—. Dice que ya saben quién lo dejó escapar. — Julián Fox fue —atiné a decir, hasta que mi boca se abrió lo suficiente para mostrar sorpresa. — Dicen que fue un científico de nombre Joel… Joel Cox. Me levanté de mi lugar sin poder creer la noticia. ¿Cómo eran capaces de decir que había sido mi esposo el que había dejado escapar el virus cuando claramente habían sido ellos dos? O siquiera uno de sus conocidos. — Dicen —Robert continuó sin mirarme—, que lo tiene cautivo para llevarlo con las autoridades y que el peso de la ley caiga en él. Su rostro volteó para mirarme y su ceño se frunció al no entender lo que estaba sucediendo. — ¿Estás bien? Ya sabemos quién fue. — No, no… — ¿Qué? No te entiendo Joy. — Él no fue —tragué el nudo que sentía en mi garganta—. Él es mi esposo. Robert abrió los ojos y volvió a mirar el televisor, que ya mostraba nuevamente algún tipo de serie o novela que daban a esa hora. Posé una de mis manos en mi pecho y me dejé caer en el sofá roto que había cerca a donde me encontraba. j***r, Julián era la peor persona que conocía en mi vida. Era increíble todo lo que estaba haciendo para acabar con Joel. ¿Pero por qué? No podía entender qué era lo que ganaban haciendo todo aquello contra mi esposo. Si el problema había sido el escape del virus, podían simplemente decir que una persona dentro del laboratorio había sido el culpable y que buscarían la manera de solucionarlo. Nada más. Pero ellos habían ido más lejos, habían decidido ponerle cara al supuesto culpable. — Dijeron que lo tenían encerrado —Robert comenzó a hablar—. Eso significa que está vivo. — No podemos creer todo lo que dicen, mierda. — ¿Entonces? — ¿Qué tal que de verdad estén muertos? —Solté la pregunta al aire. Robert se quedó en silencio unos cuantos segundos y bajó la cabeza para mirar cómo sus dedos jugaban entre sí. No quería que se sintiera mal, pero después de ver esa noticia, teníamos que pensar lo peor, así no sorprenderíamos si era diferente, pero no nos dolería demasiado si era así. — Yo- yo sigo teniendo fe. Mis ojos volvieron a humedecerse ante sus palabras y le abracé con fuerza. Él continuaba con la fe intacta mientras yo quería morirme por no saber mucho sobre mi esposo. — Eres un buen hombre —susurré y lo abracé con más fuerza—. Lamento lo que dije. — Está bien. Comenzamos a llorar los dos y nos dejamos caer en el piso abrazados. Teníamos el mismo dolor corriendo por nuestra sangre y ahora no queríamos escapar de él. Necesitábamos respuestas y las conseguiríamos a como diera lugar. No podíamos seguir de esa manera más tiempo. Estábamos dando vueltas sin pruebas. Solamente habíamos podido obtener el libro con algunas pruebas de que en los laboratorios utilizaban personas, pero nada más. Necesitábamos más cosas y las encontraríamos. — Creo que deberíamos cambiar el lugar donde busquemos —susurré y él asintió. — Debemos buscar a los que están detrás de todo esto. — Robert —le llamé para que fijara su mirada en la mía—. Ya no buscaremos la villa. Ahora vamos a buscar la casa de Julián Fox. Julián era un hombre de cuarenta años. Era una de las personas más importantes en la parte de investigación de la OMS y por eso se le había dejado el proyecto o investigación del virus AAA23. Su trayectoria era de más de veinte años y me sorprendía cómo era posible que él estuviera detrás de todo lo que le estaba pasando a Joel. Además, si ya lo había hecho una vez —inculpar a una persona inocente—, entonces eso significaba que debía de haberlo hecho más veces. Duré lo que quedaba de la tarde investigando su perfil y dónde había laborado más a fondo. Él había sido uno de los investigadores que encontraron la cura para la pandemia anterior y por eso, le habían concedido este virus. Varias de las personas que comentaban en redes sobre su carrera profesional, decían que él era una de las personas más inteligentes que conocían y que era impresionante la manera en la que trabajaba, puesto que con él había una efectividad de casi el 90% de encontrar el origen y cura de cualquier virus, antes de que se volviera en un problema serio para la humanidad. Tal vez por eso había decidido buscar un culpable. Él al ser el principal culpable de que el virus AAA23 se escapara del laboratorio, mancharía su carrera profesional y no podía dejar que eso pasara. Decidí meterme a su perfil social en una de las redes que esperaba, manejara, y me sorprendió lo que pude encontrar. — ¡Robert! Mi amigo me observó y se sentó a mi lado con rapidez. — ¿Qué? — ¿Conoces este lugar? Comenzó a revisar los alrededores de lo que parecía una casa campestre y asintió. — Creo que está cerca de donde estábamos anoche. — ¿Cerca? Los ojos de Robert se abrieron y me miró. — Ese es el mismo lugar de los ancianos. — Por eso no podíamos ver la parte de atrás. — ¿Julián vive allí? — Al parecer sí. O ellos eran sus padres. Comenzamos a pensar qué era lo que pudo haber sucedido y solamente encontramos una respuesta. Él sabía que nosotros estábamos cerca a ese lugar y por eso sus padres habían dicho lo que habían dicho. Que solo eran ellos, que estaban solos en esa casa y que preferían que solo pudiesen ver la pequeña parte de atrás y no lo más grande. Claro. Nos querían tender una trampa y casi habíamos caído si no hubiera sido porque yo estaba despierta y pude escucharlos cuando llegaron a la casa para raptarnos. Pero entonces, ¿por qué no habían cuidado toda la casa? ¿Por qué habíamos podido escapar? Bueno, ellos estaban seguros que nosotros al no haber descansado o comido en un largo tiempo, íbamos a estar profundamente dormidos. Tal vez por eso habían actuado de esa manera. También podía ser que no quería alarmar a nadie que por algún motivo pasara por ahí y pudiesen actuar tranquilamente. Debíamos volver a esa casa. — ¿Qué vamos a hacer? — No lo sé. Solo sé que no tenemos tiempo. — Pero nos escapamos… — Si nos ven, ¿tú crees que nos van a decir que nos escapamos? Se van a hacer los estúpidos. Robert sonrió y negó levemente con la cabeza. — Sigo pensando que es algo arriesgado. No sabemos qué tramar o qué tipo de armas tengan. — Nosotros tenemos la más importante —señalé el computador que yacía en la cama, cargando. — ¿Un computador? — La IA que tiene toda la información sobre lo que ocurrió con el virus AAA23. — ¿Cómo lo sabes? — Porque ellos lo estaban llenando de información. — ¿Y para qué? Solté un suspiro y me senté—. Puede ser que querían guardar todo lo que habían hecho para futuros proyectos o para mostrarlo a alguien más importante. Como un jefe supremo o algo así. Robert rio—. Andas un poco conspiranoica, ¿eh? Rodé los ojos y le pedí que se acercara a mí para mostrarle algunas de las cosas que el computador me había mostrado. *** Estaba divertida por lo que estaba viendo. Los ojos de Robert eran igual de grandes a un huevo frito y sus palmas sudaban cada vez más. Había logrado mostrarle algunas de las cosas más tranquilas que me había dejado ver el computador y ya se ponía de esa manera. Además, le había dejado ver cómo me respondía y vibraba ante mis preguntas. Algo poco visto, según él. — Está embrujado, Joy. — Se llama Inteligencia artificial, Robert. No es para tanto. Intentaba tranquilizarlo, pero sabía que así estaría algunas horas. Yo ni siquiera había podido dormir muy bien, pero no se lo diría. Él debería creer en lo que le estaba diciendo y así, poder continuar con nuestro plan. — Por este computador también te buscan, ¿si? — Exacto. — ¿Por qué no lo entregas? ¡Puedes cambiarlo por tu esposo! El computador comenzó a vibrar y solté una carcajada. — No podemos hacer eso, ¿cómo se te ocurre? — ¡Es lo más lógico! — No puedo hacerlo —me puse seria—. No podemos dejar que más gente pase por lo que pasó tu esposa y Joel. No pueden usar a las personas de esta manera y menos, cuando no es consensuado. Apenas toqué el tema de su esposa, Robert cambió su semblante y nuevamente bajó la mirada a sus dedos que jugaban suavemente.
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