Los ocho pares de ojos me volvieron a ver sorprendidos. Ashton se quedó pálido, viéndome a los ojos con tanto dolor que me asustó. —Pequeña…—se acercó a mí dándome besos en mis labios. Sus lágrimas empezaron a caer y cada vez entendía menos. —¿Qué pasa? — empecé a pensar lo peor. —Jamás dudes de mi amor por ti, pequeña—suplico. —¿Por qué me dice eso, Ashton? —susurre contra sus labios—me estás asustando. —¿No le piensas contar? —murmuró Stephen. —No es tu asunto—soltó Christopher molesto. —Todos los putos días, trato de decirle la verdad —respondió Ashton, abatido. Se burló Stephen. —Que se enteren de lo hijo de puta que es Ashton—dijo entre dientes. —¿De qué están hablando? —me separe de Ashton porque estaba perdiendo los estribos—. Dime qué está pasando de una vez. —T

