Capítulo Píloto: ¿Libertad?

1050 Palabras
—He estorbo quita de en medio que voy pasando—oí que gritaron. Obedientemente me puse en una esquina. No me encontraba de humor, es más ¿cuándo lo he estado?— ¿Por qué no te mueres eh? ¿Y si mejor te mueres? Nos harías un gran favor a todos—dice aún acosándome, a pesar de haber obedecido. Ya está bueno— ¿Y si mejor te vas a la mierda? —digo sonriendo hipócritamente—Me harías un gran favor—digo y comienzo a caminar. —Eres un maldito mal augurio aquí, no te mato porque está prohibido matar a los miembros de tu manada—dice aún detrás mío—es más, no deberías de pertenecer aquí—añade. Puta mierda ¿acaso no me dejará en paz? Intentó empujarme, pero lo esquivé a tiempo y troté lejos de ahí hacia la otra calle. Nacer en una manada de lobos y no ser lobo ni humano está muy difícil, era un infierno (sentido figurado) por lo menos aquí en la manada. Soy despreciada tanto por mi origen incierto, como por mi apariencia. Mi pelo es hasta la cintura color blanco; si, raro, pero es blanco. Mis ojos son bicolor, uno amarillo y otro rojo; pésima combinación, odio esos colores. Mi cuerpo, pese a mi delgada y alta estatura tiene curvas, no tan exageradas, pero se notan y van acorde a mi cuerpo. Aun no entiendo su desprecio y odio hacia mí, pero ya estoy acostumbrada, mentiría si dijera que no. Según he oído desde que nací traje desgracias, que si estoy en un lugar con alguien o algunas personas, pasan cosas extrañas, y sí, es cierto, pero no porque yo esté ahí. Duré mucho tiempo creyendo eso, pero es solo una excusa para justificar al incompetente del alfa; no tengo la culpa de que sea un gilipollas y no tome buenas decisiones. Al final, siempre me culpan a mí, esté o no esté en el lugar. No puedo irme a menos que me expulsen. Una vez intenté rechazar ésta manada y el alfa tajante me dijo: “Si rechazas, aceptaré e iré tras de ti a darte caza, la única forma de que te vayas ilesa es yo rechazándote” para luego sonreír con malicia. Era una forma de torturarme. Todo era una completa mierda. Entro a un callejón, poniéndome una capucha y un cubre bocas. Salgo con sumo cuidado e ingreso al súper, compro unas cuantas cosas y a pagar. Hacen caso omiso a mi apariencia, agradezco eso, tuve que ocultar mi olor con la basura que había en el callejón, así que creo que se mantendrán lo suficientemente alejados de mi y si, así fue, se notaba el desagrado por mi olor. Debo crear un plan para salir, sin esperar a que me rechacen, porque obviamente no lo harán, les divierte burlarse de mi e ir cada cierto tiempo a mí vieja casa en el bosque a destrozarmela. Después de las compras entré nuevamente al callejón a tomar lo que había dejado. No me quito el atuendo, pretendo seguir así hasta llegar al bosque. Me asusto al oír unos comentarios de que el alfa anda haciendo revisión en la ciudad, si me ve así querrá que me quite la capucha y el cubre bocas, y seguramente destruya el poco alimento y los tintes para teñir el pelo que compré, para ver si puedo cambiar un poco mi apariencia. Gracias a que he tenido que pasar toda mi vida huyendo de los demás, tengo un mapa mental de la manada completa, incluyendo callejones, calles olvidadas y alcantarillas. Tomo un desvío del camino mas cerca al bosque y ando con cuidado, pero tratando de lucir despreocupada. Me quito la capucha, quedándome aún con el abrigo, tenía un gorrito en el pelo, era tejido, algo arapiento y mal oliente. Escucho un murmullo y me aseguro de que no hay nadie siguiéndome o mirándome. —Debemos de encontrar a la escoria, no está en el bosque. El alfa mandó una unidad y no está en la casa abandonada en la que se hospeda— Maldición. Me andan buscando, pero ¿Por qué? Bueno, seguro por nada, no se necesita un pretexto para buscarme. Al parecer todas las calles serán bloqueadas. Me desvío nuevamente por un sitio abandonado. Para mi suerte el lado este de la manada está desolado por un incendio que ocurrió hace 3 años y a nadie le ha interesado asentarse por aquí. Podría quizás mudarme en una de las casas que quedaron más o menos enteras, pero no. Agradezco al cielo el no haber encontrado ningún guardia en mi camino, pero, creo que celebré muy temprano. Un escuadrón de 6 hombres armados anda en una de las salidas al bosque. Esto es increíble. No puedo dejarme atrapar, no será lindo lo que me hagan. Mi último recurso son las alcantarillas. Si ignoramos el mal olor y la oscuridad es una buena ruta de escape y que oculta mi olor, así no tengo que gastar mi energía ocultándolo. Una de las salidas da al bosque, cerca del río. Donde puedo de paso asearme e ir a “casa”. Abro con dificultad una de las tapas que dan acceso al alcantarillado. Entro con dificultad y mis pantalones se mojan, doy una arcada para vomitar, pero me aguanto. Estoy pensando seriamente en dejarle atrapar. Este mal olor me retuerce los intestinos, cierro con mucho esfuerzo la entrada, aseguro mi compra para que no se me eche a perder y sigo mi camino. Doy pasos lentos, el suelo que ando pisando a través de estas aguas llenas de heces fecales, orina y alguno que otro cuerpo en descomposición (animales), está muy resbaloso, un paso en falso y me caería de culo, haciendo que todos esos residuos entrasen en mi boca y que mi compra se eche a perder. Por NADA, del mundo se me puede dañar NADA de lo que compré, porque de esto depende mi plan para escapar de aquí. Compré un tinte n***o bien barato, unas lentillas cafés para ocultar el color de mis ojos y una ropa que me robé antes de ir a comprar, me haré pasar por una humana, ocultando mi olor. Tengo fe de que todo saldrá bien.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR