XXXiV Sergei era el hombre más afortunado de la tierra, teniendo a su lado a una mujer que encapsulaba a todas las mujeres del mundo. Belleza, sensualidad, ternura, amor incondicional y tantas virtudes, que eran imposibles de ignorar. Se convirtió entonces en la envidia de sus amigos, aunque ellos solo la veían como un delicioso pedazo de carne. Como planeó, regresó a su casa, una que estaba algo abandonada desde la muerte de sus padres. Florencia vio mucho potencial en esta, así que decidió que ese sería su hogar, en el que viviría con su familia. Para sorpresa de Sergei, ella tenía una herencia en joyas, y parte de esta se las dio a él para arreglar la mansión. —No puedo aceptarlo. Tú ibas a ser la esposa de alguien importante, debo ser yo quien provea todo lo de esta casa… —Deja de

