Mirarse al espejo y ver su nariz vendada le quitaba muchos puntos de atractivo, dolía cada vez que Raeliana hacía el intento de tocarla. Era un terrible accesorio para la ropa que llevaba puesta pero no podía hacer nada con su amuleto de la suerte. Aquella mañana no fue capaz de contactar con su padre, él tampoco le envió mensaje ni la notificó sobre los avances de la investigación, no podía dejar de sentir miedo mientras lo peor venía a su cabeza. Probablemente por eso no era capaz de ser la primera en llamar, prefería hacerse a la idea de que su amigo estaba allá. Una llamada que recibió a la habitación la sacó de sus pensamientos para hacerle saber que exactamente a la hora que acordaron Marcelo la estaba esperando en la entrada del hotel. Raeliana se apresuró a bajar, encontrándolo e

