Traté de que las niñas tuvieran un día a día normal, me alejé por completo del modelaje y me enfoqué en mis pequeñas. —Sofía, date prisa —grité desde abajo y miré el reloj —¡Es tarde! Sofía bajó las escaleras corriendo y nos fuimos directo a la escuela. Ella había olvidado todo el asunto de mi deportación y aunque esto no era tan comentado, todavía tenía orden de salir del país y se encontraba muy cerca. —Sofía, ¿Has pensado en la abuelita Cristina? Ya tenemos mucho tiempo de no verla. —Tía Zoé, por favor, no comiences a insistir de nuevo con el mismo tema. Ella te hizo daño y me encuentro decepcionada y molesta. —Pero Sofía, ya te he dicho que no quiero que guardes resentimientos con las personas porque eso es malo. Además, es necesario que sepas que las cosas en nuestro país son co

