Emma no podía creer lo que acababa de oír. —¿Qué has dicho? —se separó de él y se sentó o seguro terminaría desmayada, inhalaba y exhalaba para poder tranquilizarse. —Nena, podrías tranquilizarte, si no puedes lo mejor será dejar esta conversación para después, me preocupas tú y mi bebé. —Joseph no me puedes soltar algo así y pienses que no me va afectar, ¿cómo es que mi suegro está vivo? — lo miró resentida, — ¿cómo es que nunca me dijiste nada?, ¿No confiabas en mí? Joseph se arrodilló al frente de Emma y cogió sus manos, las besó e hizo que lo mirara a los ojos. —Princesa, claro que confío en ti, mira, cuando se supone que murió mi padre sufrí como un desgraciado, había perdido al ser al más admiraba, y no te tenía a ti, cuando papá tenía dos años de muerto, fui a dejarle flores,

