Una boda o una guerra declarada (1era. Parte)

2362 Palabras

Al día siguiente New York Kelly Ceder es sinónimo de debilidad en una guerra. No importa cuánto arda el campo de batalla, ni cuántas veces te tienten con promesas de tregua: torcer el brazo es invitar al enemigo a cortar la cabeza. Jamás muestres la bandera blanca. En cuanto ondea, pierdes autoridad, fuerza… el respeto. Te vuelves moldeable, como arcilla entre sus manos, lista para adoptar la forma que más le convenga a tu adversario. Más bien mantente firme, clavada como estaca en tierra seca. No cedas ni un centímetro, aunque la presión tire de la cuerda con furia. Porque si esperas lo suficiente, será del otro lado donde se rompa. Y entonces, cuando se rompa, él sabrá. Sabrá que no tiene más salida que retroceder. Que su orgullo no vale tanto como su estrategia. Que su única opción

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