—¡Lo que no podés soportar, es que me haya sacado las ganas y que a pesar de todo lo que pasó entre Nacho y yo, lo siga eligiendo a él! Yo sé que mis palabras eran hirientes, pero él no tenía ningún derecho de ensuciarlo solo porque no lo quiero. —No tenes derecho a decirme eso —me dice y francamente no me importa —. Yo me enamoré de vos, dejé mi trabajo, me divorcié de mi esposa. —¿Y yo te lo pedí? —lo encaro. A todo esto, ya nos habían ingresado a la comisaria y dicho en más de una ocasión que nos calmemos o nos encerraran. —Te juro que te vas a arrepentir —me dice señalándome justo en el momento en el que vienen a buscarlo para su declaración. —¡Solo a un hombre despechado se le ocurre lanzar una amenaza frente a policías! —le recuerdo donde estamos, pero soy consciente que mi a

