Capítulo — El Secreto de José Luis José Luis levantó la mano desde el estrado. Su gesto fue lento, como si le costara moverla, como si llevara no solo el peso de los años, sino también el de una verdad que le había destrozado el alma en silencio. Su rostro estaba pálido, con el sudor perlándole la frente, los labios resecos. La sala, que hacía segundos bullía con los gritos de Manuela, quedó enmudecida al verlo incorporarse. Con voz grave, cargada de cansancio, habló: —Su señoría… necesito hablar. Por favor, déjeme hacerlo. Hoy quiero decir solo la verdad de mi vida. Estoy cansado, agotado. He luchado por más de treinta años con este sentimiento de dolor… y no puedo más. Las palabras salieron como un suspiro roto, como si al pronunciarlas se le escapara el aire de los pulmones. —¡CÁLL

