Capítulo 34 – El desayuno de las venenosas La mesa de la terraza de la mansión estaba servida como si fuera una fiesta íntima. Mantel blanco bordado, vajilla de porcelana, jugos frescos y café recién hecho. El sol de la mañana se filtraba entre las cortinas ligeras, pero en aquel lugar no había paz: había una conspiración. Manuela Morel de Varela se acomodó en la cabecera, elegante como siempre, con un gesto de reina en su trono. Frente a ella, Renata Villalobos mantenía la carpeta de documentos apretada contra el regazo, y a su lado, Sabrina Oliva jugaba con la cuchara nerviosa, incapaz de sostener la mirada de su mentora. —Muy bien, niñas —comenzó Manuela, con esa voz suave que sabía disfrazar el veneno—. Hoy vamos a hablar de cómo se atrapan a los hombres. Porque si los dejamos a su

