episodio 8

993 Palabras
—Henry por favor—lo miro para pedir su ayuda pero él solo desvía su mirada hacia otro lado ignorándome. —Lo siento—dice para después irse de la habitación sin siquiera mirarme y eso me duele pensé que me ayudaría o haría algo para cambiar la ambición y decisión de Carlos pero no aquí la última palabra la tiene el. —¡Rápido levántate!—se acerca a mi y como siempre agarrándome por el ante brazo, yo me agarró de la silla impidiendo ser arrastrada, no quiero saber qué pasará con migo si soy subastada. —¡Oye que vengas rápido, imbécil!—me da una bofetada volteando mi cara hacia el espejo, al ver mi rostro sentí mucha impotencia, furia y muchas ganas de tomar un arma y disparar en dirección a su cabeza, pero...soy diminuta ante el y lentamente dejo de resistir soltándome de la silla, estando de pie el me da un sacudión y me reitera. —Eso es, se obediente o de lo contrario te golpeare hasta la muerte—me agarra de la blusa y me lleva de arrastre por todo el pasillo, mis piernas y nalgas duelen como el infierno, pensé que los animales solo eran las vacas, caballos, ovejas Etc., pero me equivoqué los humanos somos mas animales que ellos. —¡Ah!—me quejo. —En este lugar solo se aceptan los quejidos en la cama, así que deja de quejarte como estúpida. —¡Eres un maldito!—le grito mientras él sigue jalándome como una presa para ser llevada a la boca del león. —¡Si vuelves abrir la boca, juro que te hago comer mierda!—¿Qué? mierda, que asqueroso. guardo silencio y solo lo dejo que me lleve hasta donde el quiera. poco después el me entra a un pequeño cuarto rojo, con unas cortinas negras al entrar veo decenas de maniquíes con vestidos sexis, algunos son disfraces, como; enfermera, policía, empresaria etc. —Escoge uno de estos rápido—me dice señalándolos. —No lo haré. —Ok, no lo hagas—el se empieza a quitar su cinturón y lo enrosca en su mano izquierda—te daré cinco segundos para que me digas cuál de estos quieres usar, si no lo haces te daré un par de cinturonasos, a ver si así dejas de hacerte la ruda. Lo fulminó con la mirada y señaló el de enfermera, el se echa a reír y se acerca al maniquíes y le quita la ropa, luego se acerca a mi y tira una de las mangas de mi blusa con su dedo. —¿Qué haces morboso? yo puedo sola—le arrebató la ropa. —salga de la habitación para poder cambiarme—el suelta una carcajada y arquea una de sus cejas. —Acaso se te olvida quién es el dueño de este club? más bien deja de hablar y quítate la ropa—el se sienta en un sofá y se cruza de piernas y apoya su mandíbula con su mano, este pervertido me quiere ver desnuda. Me pongo de espaldas y con algo de dificultad me voy quitando la ropa de a poco. tengo tanta vergüenza no me quiero ni imaginar el rostro de este malnacido mirar mi cuerpo. —¡Uy quedaste muy linda! nada más mira esas pompis quedaron perfectas para el—¿Quién es el y aquí en se refiere? —De que hablas—le digo colocándome la mini falda de enfermera. —El tiburón que te compre nena. Sabes el será amable y te querrá mucho. Me terminó de poner la ropa la cual me queda súper ajustada al cuerpo, tanto es que mis senos están que se salen de la camisa, tomo dos moños y me hago dos colas de caballo de peinado mientras lo hacía me fijé que mis senos están enormes y pesan una tonelada, luego de cambiarme escucho la voz de Carlos. —Ven acércate y dime; que le duele a mi paciente?—este morboso que le pasa, me está pidiendo que lo revise como si yo fuera su enfermera. no, no lo haré —dime te vas a negar?—me amenaza mostrándome el cinturón. —¿Do-donde le duele a mi querido paciente?—le pregunto con la voz quebrantada. hago lo que me pide y el se echa a reír y me estira su mano para que yo me siente en su regazo. Agarró su mano y de un jalón me hace sentar encima de él. —Eso es, te ves hermosa—besa mi cuello con sus asquerosos labios y eso me da muchas náuseas—me gustas mucho sirena—pasa una de sus manos por mi pierna mientras intensifica su beso, en estos momentos me siento sucia quisiera bañarme y arrancar mi piel a pedazos, sigue tocándome de manera brusca y lenta, el sonido de sus besos se postra en mi tímpano y mi mente se niega aceptar lo que está sucediendo. —¡Para porfavor!—le pido asustada, el se enoja y palmea mi nalga. —Haz silencio sirenita o de no cortaré tu cola y sabes que es verdad? —No. —Te penetrare. Mientras soy manoseada mis lágrimas empiezan a salir, no sé cómo llegué aquí, claro que sí se, por confiada y estúpida por eso llegué aquí. no sé si sean ideas mías o este viejo tiene su erección elevada, siento algo robusto en mis piernas mi corazón empieza a latir del miedo, y mi garganta se seca. cuando menos lo imaginé la puerta es tocada de golpe. Carlos chasquea los labios y dice. —¡Qué pasa! —¡Jefe, lo buscan!—esa voz...es Henry si no cabe duda es el. algo dentro de mi se alegró al escuchar su voz y eso fue lo que me salvó de las garras de este viejo salta cunas.
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