No me niegues tu sabor Alessa —la voz era gruesa, profunda, sin embargo no dejaba de ser una petición. Se acomodó mejor entre sus músculos abriendo un poco más sus piernas, volvió a arremolinar la lengua en su ombligo y respondió como el cuerpo de Alessa se estremecía. Fue besando despacio, descendiendo poco a poco, llegó al montículo de su sexo, en donde se detuvo e hizo lo de siempre dejar una marca, besó, mordió y luego lamió. Sintió el placer de su esposa cuando ella tuvo éxito en las caderas y le ayudó a toda su feminidad en la boca, ofreciéndole lo que tanto deseaba. El deseo creció en el cuerpo de Yasir y posó la boca en su sexo, solo con su lengua buscó lo que tanto anhelaba aquel nudo de nervios que lo hizo querer más. Alessa analizó que un rayo de electricidad atravesaba su

