Si bien le dije a Manuel que regresaría a mi casa en Roma, apenas un rayo de luz se asomó por el horizonte y dio claridad en la habitación del hotel que logré conseguir en el pueblo, a la mañana siguiente llamé al piloto del helicóptero. En lugar de irme directo a casa, en el último instante decidí irme a uno de mis departamentos en Roma. Si mi intención es terminar de convencerme que fracasé en todos mis esfuerzos por recuperar a esa mujer, la distancia y la aceptación de que este es el fin, será lo primero que haré para controlar a mis instintos de la tentación de buscarla. Dejaré que los días pasen, mientras tanto trabajaré desde aquí y procuraré descansar de toda esta situación que aunque no lo quería admitir es extenuante, me siento derrotado, sin fuerzas para proseguir. Como bien
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