Ya en camino hacia el terminal, Ana Marie se preguntó seriamente si estaba haciendo bien en ir. Puesto que, no le agradaba la mujer en lo absoluto, bien podría dejar que su madre le hiciera un escándalo sin que le importase; pero el detalle aquí es que no podía dejar que su madre llegara más lejos. Solo Dios sabia de lo que era capaz esa mujer cuando estaba molesta. Para su pesar, sonrío ante eso. Álvaro la miro de reojo y noto su sonrisa. – ¿Y esa sonrisa? –se interesó –. ¿Acaso piensa en mí? –Ya quisieras –replico en una risita –. Solo recordando algo de mama, nada importante. –Por supuesto que es importante. Te hizo sonreír y eso para mí es importante –apostillo. – ¿Por qué eres así? –peguntó enternecida, Álvaro volvió a mirarla de reojo antes de volver a centrar su atención a la

