Limpiarles a las vacas, limpiar los abrevaderos, alimentar a los animales, sacar los huevos de las gallinas sin perder las manos en el proceso. Todas esas son las tareas que durante el día Daphne ha tenido que hacer, pero para Tania nada de eso es suficiente. Cuando se llega la hora de almuerzo, Daphne deja todo organizado para seguir por la tarde con el resto de las labores. Camina hacia la casa para sentarse a comer, pero la mujer le sale al paso con las manos en la cintura y le dice. —¿A dónde crees que vas? —Daphne frunce el ceño y se la queda viendo con incredulidad. —Voy a mi almuerzo, como todos los demás. —¿Terminaste lo que te mandé? —La chica la ve completamente sorprendida porque tal parece que se ha tomado muy bien el papel de su jefa. Aun así, le responde lo más diplomátic

