Magnus se debate entre un acto de humanidad o seguir siendo el mismo infeliz que ha sido con ella… y adivinen cuál gana. —¡Levántate! No creas que con esa actuación vas a inspirarme un poco de compasión, ¡porque tú no la tuviste con mi nieto! —¿Ramiro? —murmura en medio de la fiebre. Daphne apenas consigue abrir los ojos un poco y al ver a Magnus sonríe acariciando su rostro—. Estás aquí… viniste por mí… —¡Deja de hacerte la enferma! ¡¡Yo no soy Ramiro!! —Llévame… por favor… —solloza ella y se hace una bolita al lado de la chimenea—. Tengo frío… llévame contigo… perdóname… Si Magnus pensó en tener algo de compasión por la chica, aquella última palabra borra toda pizca de humanidad, la toma con violencia y la obliga a ponerse de pie. —¡Párate y camina! —Daphne emite un gemido de dolor

