Capítulo 12

1195 Palabras

 Corrí a toda prisa hacia la salida de la escuela, con los pulmones quemándome a fuego lento. Los gritos de los profesores no tardan en resonar contra mis oídos, gritándome "¿Señorita a dónde va?" o "¡Señorita Williams usted aún tiene clases!" ¡No me importó en absoluto! En cuanto estuve afuera, un viento helado me congeló el rostro. Habíamos tardado en llover. Busqué mi auto en el estacionamiento y estaba allí, esperándome a que nos larguemos juntos de aquella cárcel. Saqué las llaves de mi mochila y las coloqué en el cerrojo de la puerta con torpeza, ya que la lluvia difuminaba mi visión. En cuanto ingresé, sospeché, tomando entre mis manos el volante. Teníamos tantas cosas en la cabeza, tenía tantas cosas por asimilar que ... tenía que no hacerlo sin enloquecer en el intento. B

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