ANGELINA La tarde llegó y mis ojos se cerraban a causa del cansancio que tenía. Juan fue a comprar comida, me alegra tenerlo conmigo en este momento. Armando viene con varias enfermeras, al verme, se despide de ellas y viene hacia donde estoy. —¿Cómo está tu esposo? —Me dedicó una tierna sonrisa y se sienta. —Bien, debe quedarse esta noche aquí —digo. —Me alegro mucho —Un silencio se hace presente y me incomoda. Se levanta y me siento mal por no entablar una conversación con él, con todo lo que está pasando en mi vida, me siento sin ánimos de hablar. —Debo seguir con mi guardia, cualquier cosa que necesites no dude en buscarme y la ayudaré en lo que desee —Su amabilidad me sorprende. —Gracias. Lo veo irse y no pasa mucho tiempo cuando Juan aparece con dos bolsas, se sienta y deja

