CAPÍTULO 2

1160 Palabras
Permanezco en silencio mientras termino de maquillarme. Por lo general un poco de delineador y algún labial hubiesen bastado. Pero hoy... hoy quiero que se arrepienta de haberme hecho su esclava desde hace tantos años. No hay nada peor, para un hombre de su clase, que desear algo y no poder tenerlo. Y no solo eso, sino que por primera vez lo voy a desafiar coqueteando con otro, haciéndole sentir en carne propia, la vergüenza que me atraviesa cuando juega a ser un seductor. Los labios en color rojo destellan sensualidad y una pizca de atrevimiento. Necesito sentirme sexy para que el plan funcione a la perfección. Necesito creer que soy una vil vengadora sin corazón, a la que no le importa utilizar los recursos que tanto había criticado. Sacudo la cabeza para disipar los constantes ataques de moral que inundan mi cerebro. Es una noche especial, esta vez va a ser otro el que se encierre en su cuarto lleno de bronca. Cuando pague, cuando lo vea sufrir, recién ahí voy a tener piedad. Mientras, disfrutaré del show que él mismo creó para torturarnos. Miro el reloj y marca las veintiuna en punto, por lo que corro aún llevando unos tacones muy altos en los pies. Si ruedo por las escaleras será su culpa, murmuro para mis adentros. ¿A quién le importan unos minutos más o unos minutos menos?. Efectivamente a él. Un narcisista que todo lo debe controlar. Al llegar al piso de abajo puedo observar su silueta mezclarse entre la extravagante celebración. Veo con decepción que las bandejas con aperitivos ya no están circulando. ¡Detesto perderme la primer parte!, esa en donde pasan los bocadillos más deliciosos y los tragos humeantes. Pero no es algo en lo que una dama respetable deba pensar, señalaba Marco. Yo creo, en realidad, que era en ese preciso momento cuando marcaba la presa que luego devoraría y mi presencia no era más que un estorbo. Por lo menos evitaba ver su falso rostro de modelo sonreír en todas las direcciones. Tal y como lo hace ahora, con una falta deliberada de escrúpulos. Me sentía bien hasta que su mirada se posó en mí, nunca en mi vida lo había visto tan furioso. No sabría decir si la mirada escondía un deseo relacionado con la lujuria o con la muerte. Hace ese movimiento de cabeza que tanto detesto y lo sigo hasta su oficina. En el camino invitados a los que desconozco me saludan con halagos banales y me felicitan por el maravilloso esposo que tengo. Si supieran ... Cierro la puerta suavemente esperando el grito habitual o la amenaza supurante saliendo de sus labios. Sin embargo solo se dedica a mirarme de arriba a abajo sin expresión alguna. '¿Será que piensa matarme? no. No podría sacar mi cuerpo frente a tantas...' —¿Por qué haces esto?— su voz interrumpe mis pensamientos— ¿Acaso no cumplí con lo que te prometí? ¿O es una nueva manera de provocarme?— cuando me habla de esa forma, tan tranquilo, tan sereno, el miedo se me instala en la piel. No obstante demostrarlo sería mi perdición. —Bajé a horario, me puse lo que me ordenaste. ¿En qué fallé? —¿Lo que ordené? —Lo que dejaste en mi cama. La caja beige que Carla me entregó —¡¡Son todos unos ineptos!! Karla, tú y el resto de los que me rodea. ¿Cómo piensas que podría dejar una prenda tan reveladora para una cena tan importante como la de hoy? Podría verte hasta el alma si quisiera. —¿Qué puedo decir? adivina no soy, aunque por lo visto debería. Seguí las instrucciones, me puse lo que estaba en mi cama. Además ¿Cómo podría saber que era una vestimenta inapropiada si ni siquiera me dijiste de qué se trataba? —No quiero escucharte más, recién llego y ya me estás causando dolores de cabeza. Quiero paz, la paz que merezco, la paz por la que pago—levanto la mano para darle una bofetada pero la detiene en el aire. —Te duele cuando digo la verdad, pero yo no te obligué a esto, tú solita te metiste en todo este lío y resulta que el malo soy yo. —Podrías respetarme ¿O eso también lo tengo que incluir en el trato? —El respeto se gana, pero una mujer como tú no entiende de esas cosas—dijo frunciendo el seño y señalando el estúpido vestido- Ahora sal y ve a cambiarte, no voy a permitir que esos viejos babosos se mofen en mi cara por tu desfachatez. El portazo cala hasta lo profundo de mis huesos haciéndome sentir enormemente desdichada. El trato, el maldito trato... sin embargo podríamos haber hecho las cosas de otra manera, una más madura, una en la que él no fuera un dictador sin corazón. Cierro los ojos y pienso en cosas bonitas, cosas que anhelo que un día sucedan; y para cuando los abro estoy convencida de que esta noche no se lo permitiré. Me había humillado infinidad de veces pero había llegado su hora, tenía que poner un alto a su egoísmo y maltrato continuo. Luego... luego pensaría en las consecuencias. Este era mi momento: es hoy o nunca, repetí en mi mente hasta convencerme. De nuevo en la fiesta, el sonido de la música me parece ensordecedor. Todo se encuentra perfectamente decorado; los enormes fuentones están repletos de fresias, orquídeas y rosas blancas, una verdadera delicia visual. La luz tenue y las finas copas llenas de champagne, resaltan las poderosas columnas de mármol color hueso. Cualquiera quedaría embelesado con la infinita belleza que desprende la mansión, en cada rincón de la misma. Y los invitados parecen fichas de ajedrez estratégicamente distribuidas, como si cada uno se ubicara en la habitación siguiendo un esquema de colores, una paleta imaginaria de tonos y subtonos brillantes. Cuando me dispongo a tomar un poco de vino blanco, descubro a Marco riendo muy cerca de una joven que lleva el peinado recogido en una coleta alta y una sonrisa casi perfecta. Ser espectadora de esa imagen llena de descaro, me impulsa por primera vez a interrumpirlo. —Amor—le dedico mientras beso sutilmente su mejilla— Te estaba buscando— su mirada cargada de veneno se suavizó de forma repentina. —Si... me estabas buscando y ahora me encontraste—cuando quise reaccionar fue demasiado tarde. Me tomó de la cintura y acercó sus labios a los míos. Hace tanto que no lo hacía... El beso duró un breve momento, fue cálido, extrañamente dulce. Pero cuando terminó, sentí un fuego enardecido reptar por todo mi cuerpo. Marco se limpia la comisura de la boca en la que había dejado impregnado mi labial, y lanza su mirada desafiante. Quiero matarlo quiero.. —Nissa—susurra una voz a mis espaldas. Una voz que conocía demasiado bien.
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