Si he de morir, que sea amándote.

1462 Palabras

De inmediato tomaron asiento en unas sillas de plástico, Andrés miraba a su alrededor, no muy convencido, entonces una señora de contextura gruesa se acercó a ellos, y les ofreció la especialidad de la casa, pescado frito, patacones, ensalada. —Yo quiero un plato de esos —dijo de inmediato Paula. Miró a Juan Andrés indeciso—. Te va a gustar, pruébalo. —Está bien —contestó de mala gana. —No te preocupes tanto —comentó Paula, y colocó su mano sobre la de él—. Nunca has comido en sitios como este. —Señaló con su mano, a su alrededor. Juan Andrés se aclaró la garganta. —Jamás, solo me alimento en restaurantes exclusivos, o con la comida que prepara Inesita, que lleva muchos años trabajando en la hacienda —mencionó. Paula suspiró profundo. —¿No extrañas tu casa, tu familia, a tus

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