CAPÍTULO OCHO A Adele la sacó de su ensueño un oficial de uniforme que le dio unos golpecitos en el hombro. Miró hacia atrás, volviéndose desde la ventana del pasillo fuera del apartamento de la víctima. —Disculpe —dijo el oficial en voz baja. Adele arqueó una ceja para demostrar que lo había escuchado. El oficial se aclaró la garganta y se alisó el bigote. —La testigo se niega a entrar. Dice que prefiere hablar en la acera. ¿Le parece bien? Adele miró al hombre y luego hacia la puerta abierta del apartamento. Por un breve momento, estuvo tentada de dejar a la agente Paige e ir a hablar con la Sra. Robinson por su cuenta. Pero al fin, suspiró y asintió. Señaló hacia la puerta abierta. —¿Le importaría decírselo a mi compañera? El oficial de policía asintió, luego rodeó la barandilla

