CAPÍTULO DOS A la mañana siguiente, Emily se despertó más temprano que de costumbre, eufórica. Bajó a preparar el desayuno y preparó un festín de huevos, tostadas, tocino y tortitas, tarareando alegremente para sí misma todo el tiempo. Daniel bajó con Chantelle un rato después. Emily miró el reloj mientras pasaba el tiempo, preocupada porque su padre aún no había aparecido. —¿Por qué no llamas a su puerta? —sugirió Daniel, que claramente había captado los motivos de sus miradas furtivas. —No quiero molestarlo —respondió Emily. —Yo lo haré —dijo Chantelle, saltando de la barra del desayuno. Emily negó con la cabeza—. No, tú come. Yo iré. No estaba segura de qué era lo que le preocupaba tanto como para molestar a su padre. Tal vez era la sensación de que no estaría allí cuando llamara

