07.|Estas Me Las Pagas

3981 Palabras
Pov's Ambar. — Ambar perdiste la poca cordura que te quedaba idiota, ya el rubio te termino de quemar las cinco neuronas que te quedaban ¿o qué? Reclama Camila tras terminar de contarle lo que le he hecho a el idiota anibestia que vive bajo mi techo. Ruedo los ojos fastidiada, no necesito sus sermones o reclamos. — No seas dramática ¿quieres?, no es para tanto en comparación a todo lo que me ha hecho él. — A ti te gusta meterte en juegos que no sabes jugar rubia, olvidas que ese pedazo de dios nórdico no tiene pinta de andarse con juegos, al hacer eso declaraste la guerra. — Estoy lista para los juegos del hambre— sonrío con suficiencia, esta parece que le va a dar un tic nervioso en su ojo izquierdo y termina por bufar exasperada. — No tienes remedio— niega renuente— Solo quiero ver como termina esto, y cuando pierdas, te diré, te lo dije. Es mi turno de rodar los ojos. — No le tengo miedo a ese anibestia, ademas ya tengo un plan perfecto. — No por favor. — Si—sonrío— Y tu vas a ayudarme. — No me arrastres a donde no quiero meterme— pide esta. — Es tu deber como mejor amiga, ademas es solo una ayudita— hago un puchero. — Me meterás en líos con Cristina— asegura esta en un refunfuño. — Se trata de ella misma la verdad, ayúdame con esto y no te molestare en un largo tiempo. — ¿Qué tan largo?— se hace la interesada. — Muy largo— aseguro con una sonrisa de medio lado. — Te escucho— sonríe complacida. — Pues que me dejes una semana en tu casa para evitar a la anibestia, y librarme de él, aprovechando que Cristina estará de viajes hasta la próxima semana, y tendré tiempo de que se me pase un poco la furia con ese idiota, y de sobre llevar a las Leicys esta primera semana de clases. — Hecho, pero no me pidas favores hasta la universidad. — Idiota— le arrojo una almohada que mantenía entre mis piernas a su cara. — Estas completamente loca amiga. — Y por eso me amas. — Ya quisieras. (...) Pov's Tristan. Mataré a esa muñeca satanica. Maldita rubia, engendrada por el demonio. Una semana, ese es el tiempo que lleva la rata bajo su alcantarilla, ni siquiera en la escuela me la he cruzado, no es como si deseara que todos supieran que estamos viviendo juntos, pero la rubia satánica es buena ocultándose. Los pocos momentos que la he visto, se oculta bajo las espaldas de sus amigos, y siempre esta acompañada o de la pelirroja o la castaña. Sin meter que me ha quedado mas que claro que el agua, y no por ella precisamente, sino por sus amigos, que debo mantenerme alejado de alguna de ellas tres, o me usaran de saco de boxeo. He notado que Liberty High es una escuela de esa de riquillos que hacen lo que desean, pero esta dividida, tal cual como me dijo ella misma, dos bandos distintos, y aunque no me interesa el saber porque, prefiero solo mantenerme al margen. No es como si realmente me importara estar involucrado en mas dramas adolescentes de los que ya de por si tengo. Me basta y sobra con soportar a la rubia malcriada. La rata si que sabe esconderse, pero no podrá escapar por siempre, eso lo tengo muy claro, tarde o temprano tendrá que volver a la mansión, y yo estaré encantado de tomar mi venganza de esa chiquilla que logra sacarme de mis cabales, ¿quiere jugar al gato y al ratón?, pues juguemos yo estaré encantado de comérmela. La castaña que sigue aun envuelta entre mis sabanas se remueve un poco, una sonrisa ladina se presenta en mis labios, recojo mis bóxers que están en el suelo, y me los coloco, al igual que mi pantalón. — Vuelve a la cama Tristan— masculla Rebeca, le miro de soslayo y me dirijo al baño. Después de lavar un poco mi rostro con agua climatizada, y mear, regreso a mi habitación donde Rebeca esta levantando la falda de nuestro uniforme, y colocándose la camisa. Paso de ella, mientras me encamino a la puerta, pero antes de salir me giro y le observo. — Termina con eso y sal por la entrada de servicio, recuerda no decirle a nadie de esto— le dejo en claro, esta me regala una amplia sonrisa y ya con su falda y camisa abotonada camina hasta mi. — ¿Aun piensas que le diré a alguien que vives aquí?— sonríe— No seas paranoico, y llamame si deseas repetir muñeco. Detallo sus sexys facciones de diosa candente, y le doy una sonrisa de labios cerrados. — Procura que nadie te vea al salir— repito, con eso la dejo sola en mi habitación. Camino rápidamente por el pasillo y uso las escaleras que dan directo al ala de la cocina, aun me sorprende lo grande de este lugar y todavía no manejo correctamente esto de no perderme. Bajo las escaleras, pero me detengo al escuchar la inconfundible voz de Cristina salir de la cocina, más bien gritar desde la cocina. ¿No se suponía qué llegaba en tres días? Genial lo que me faltaba, que Cristina note a la chica que me he follado escapando infraganti de la casa. — ¡¿Cómo que Ambar no ha dormido en una semana aquí?!— la escucho gritar mientras más me acerco. — Lo siento Cristina, pero la niña... — La niña necesita que le deje en claro nuestro acuerdo, Amanda ya basta de apoyarla en todo lo que hace, Ambar debe aprender a madurar de una vez por todas. ¿Conque peleando por qué la rubia no esta eh? — Cristina sabes de sobra que ella no vive aquí. — Pues tendrá que superarlo. Quiero a ámbar en 10 minutos aquí de vuelta, sino que se abstenga a las consecuencias— es lo que escucho de ultimo, me oculto tras una pared, y veo el cabello rubio de Cristina salir hachando humos de la cocina resonando sus tacones del piso de mármol. Entro a la cocina y me encuentro con una Amanda con el teléfono de casa en manos y un rostro desesperado. Le doy una ligera sonrisa y cojo un vaso con jugo de la nevera. — Ambar... cariño debes volver... tu madre esta aquí... tienes 10 minutos... lo siento— es lo ultimo que escucho cuando esta cuelga. — ¿Todo bien?— pregunto al ver su rostro contraído de preocupación, Amanda intenta sonreír pero la verdad sale bastante patético. — No lo creo— susurra para luego abandonar la cocina. Ruedo los ojos y regreso a mi habitación. ¿Qué pasa con esta familia? Cuando abro mi puerta noto que la chica la cual me tire y cuyo nombre no recuerdo ya no esta, pero en su lugar me encuentro a Connor. — Creí que ya no metías a tus amigas a las casas a escondidas Tris— me sonríe mi pequeño hermano. — Y yo creí que estabas con tus nuevos amigos. — Volví temprano... ¿pasa algo?, note que Cristina estaba aquí. Me hinco de hombros. — Regreso antes supongo... pero algo me dice que su hija y ella tendrán problemas. — Ambar si quiera esta aquí— rueda los ojos Connor. — ¿Sabes donde esta? ¿por que llevo días sin verla?— Connor me da una sonrisa de medio lado mientras se levanta de mi cama y camina hasta la puerta. — Si te lo digo me das 20$— sonríe el pequeño demonio, me cruzo de brazos y mantengo una expresión neutra. — No sueñes enano. — Entonces no lo haré, se que ella te jugo una broma antes de desaparecer, y se que ella te esta evitando y por eso no ha regresado, creo que te interesa saber donde se esconce ¿no? — Pequeño demonio— susurro, pero este solo ensancha su sonrisa. — ¿Entonces hermano?, ¿Hacemos negocios? — A veces me sorprende esa mente maquiavélica que tienes, pero también me hace sentir orgulloso— le sonrío, camino a mi mesa de noche y cojo mi billetera, saco un billete de 20, y se lo entrego, Connor ensancha su sonrisa, y sus ojos grises muestran ese brillo de malicia junto a diversión que tanto me recuerda a los mío. — Se ha estado quedando con su amiga pelirroja que esta muy buena, y piensa que si te evita cuando regrese ya no querrás vengarte porque lo habrás olvidado. — Como si eso fuera a pasar— sonrío, Connor se hinca de hombros guardando el billete en sus pantalones. — Pero ella no sabe eso— sonríe el demonio y sale de mi cuarto. Camino tras de el para cerrar la puerta con seguro pero justo en ese momento Connor se detiene a mitad del pasillo, y con el ceño fruncido me observa, noto porque su confusión, ya que hay gritos en la planta baja, y como no, son de la rubia y Cristina. Le hago una seña y ambos bajamos con cuidado, para no ser descubiertos. Nos escondemos en el living, pero puedo ver a Ambar lucir su uniforme, y a Cristina frente de ella ambas discutiendo. — Estoy arta de esto Ambar ya no tienes nueve años— grita Cristina, luce muy cabreada, la rubia rueda los ojos con fastidio. — Ya deja tu show quieres, deja de fingir que eres una madre Cristina no te queda, deja de preocuparte que haga o deje de hacer con mi vida, no es tu asunto. — Ambar no me hagas arrepentirme de mis decisiones, y deja de usar tu carta de la culpa contra mi. — Claro, ¿por qué usaría esa? si se que tu no sientes eso Cristina, ya déjame en paz y largate en tu yet lejos de mi, pero de ningún modo dormiré bajo este techo mientras tu estés aquí, o el intruso que arrastraste a mi vida. — No seas dramática, Tristan es un encanto— rueda los ojos Cristina. — Encanto las bolas tiesas de mi padre— masculla esta. — No habrá mas discusiones Ambar, sabes que es lo que debes hacer— gruñe cabreada Cristina. — Si, claro que lo se madre, verme siempre perfecta, fingir una maldita sonrisa, hablar de lo jodidamente increíble que es mi vida, y acerté quedar bien, ¿ese es mi propósito no?, ha claro, olvide también mencionar que soy la moneda de cambio tuya ¿no?, que debo hacer todo lo que tu deseas, y ser perfecta hasta el día que me obligues a casarme con un perfecto cretino, deja de fingir Cristina. — Esta conversación ya la hemos tenido Ambar y sabes como terminará. — Claro que la tuvimos... unas mil veces, pero a ti yo no te importo, quieres volverme la rubia plástica que todos quieren ver en mi, quieres que sea como tu, y eses es el problema madre, yo no soy como tu. Abro los ojos al ver como Cristina le ha volteado la cara a su hija con una gran bofetada, Ambar jadea de la conmoción y se sostiene la mejilla, y aunque estoy un poco lejos puedo ver sus mejillas algo húmedas por lagrimas. — Todos hacemos sacrificios Ambar, conformare con hacer los tuyos, y ni se te ocurra arruinar mis planes. — ¿Cuales madre? ¿tienes miedo? tal vez te preocupa que arruine tu compromiso ¿no?, o que te deje sin un futuro para las empresas de mi padre... yo no importo nunca ¿verdad? — Ambar no te quedaras más fuera de esta casa hasta que te vayas a la universidad ¿entendiste?— grita Cristina. — Vete a la mierda, tú, tus putas empresas, tu maldito prometido, y llévate a su estúpido hijo contigo en el camino, me das asco Cristina— y con eso sale de la sala corriendo como caballo desbocado por las escaleras. Mi mandíbula esta tensa, y mi ceño fruncido. Conque todo lo que mostró es anoche durante la cena en parís era falso, es bastante obvio que madre e hija no se llevan bien, y que Ambar solo hace lo que su madre la obliga a hacer. La pregunta aquí es ¿Por qué?, se supone que ella es una Lodge, tiene toda la herencia de su padre solo para ella, y sin mencionar que es una rubia superficial y estúpida. ¿O no? Connor tira de mi manga y juntos subimos a la otra planta, ya Cristina no esta en la sala, así que no tenemos problemas con llegar a nuestras habitaciones. Pov's Ambar. Cierro la llave del agua y me envuelvo en un paño, camino por el baño, cojo un cepillo y peino mi cabello, suspiro cansada frente del espejo, noto que las marcas rojizas de la boceta de mi madre sobre mi mejilla aun no desaparecen. Mis ojos pican un poco, pero no me permito derramar ni una sola lagrima más por esto; estoy tan cansada de los mismo, de discusiones, de problemas, de no poder elegir. No sé ya que podría hacer, se que pase lo que pase, haga lo que haga ella no cambiará de opinión, y comienzo a creer que si dejara de luchar todo seria más fácil. Salgo de la ducha, y me encamino a mi cajón con ropa interior, estoy tan agotada, que solo usare mi piyama e iré directo a la cama. — Entonces después de una semana el hijo prodigo vuelve a casa— escucho a mi espalda, doy un brinco en mi lugar y me giro rápidamente, para encontrarme a Tristan acostado en mi cama. Mi ceño se frunce, lo ultimo que necesito es a este cretino molestándome. — Largo, no estoy de humor para aguantar tus idioteces— gruño y me giro para coger un par de bragas. — Eso no sucederá princesa, resulta que tu me debes algo— escucho pasos a mi espalda, me giro hacia él y lo consigo cruzado de brazos mostrando una sonrisa divertida, ruedo los ojos fastidiada y comenzando a exasperarme, también noto que solo trae un par de pantalones, y esta sin camisa, dejando a la vista su brazo tatuado, y su abdomen bien marcado. Este da un par de pasos en mi dirección, trago profundo al ver su V bien marcada, y esos tatuajes. — Te gusta la vista— sonríe este y regreso mi vista a su rostro. — Vete de aquí, no necesito esto ahora— gruño ignorando por completo su sonrisa de pasta dental y su mirada divertida. — No me iré hasta conseguir lo que deseo— sonríe este. — Largate idiota— chillo molesta mientras este camina más hacia mi. — Te lo dije princesa, no debiste meterte en mi camino. —¡Te dije que salieras ya mismo de mi habitación Tristan!— Grito ya exasperada como perro con rabia apunto de atacar. Como lo odio. Su sonrisa arrogante se hace más grande y da un paso más cerca de mí. Esa sonrisa que me dan ganas de borrarle con un puñetazo no desaparece, por instinto retrocedo, chocando con mi escritorio, donde hay un revoltijo de libros, notas, trabajos y papeles por doquier. Trago grueso al ver como el no se detiene, sino que sigue avanzando más hacia mí. — ¡Sal ya idiota!— Vuelvo a gritar exasperada mientras me lleno de cólera. Aprieto más el agarre a mi paño, las gotas de agua bajan aun por mi cuerpo, y sus ojos grises oscuros me observan descaradamente de pies a cabeza con hambre. Tristan muerde su labio inferior humedeciendolo mientras observa mis piernas descubiertas. — Tristan largo.— Lo observo directamente a los ojos, esos ojos color gris nublados resplandecientes cubiertos de lujuria que no se despegan ni un segundo de mi pequeño cuerpo tembloroso. — Y si no quiero salir Ambar.— Su voz sale áspera y ronca, un jadeo escapa de mi boca al escuchar la intensidad de sus palabras provocando una corriente que atraviesa todo mi cuerpo haciéndome temblar en mi lugar. ¡Dios que sexy creo que mi corazón va a salir de mi pecho! Da un paso más y queda justo frente de mi, tan solo unos escasos centímetros lejos de mi cuerpo, y el paño que es lo único que me cubre mi pequeño y diminuto cuerpo desnudo. Trago grueso al ver la lujuria clara en sus ojos como recorre mi cuerpo. Mis ojos traviesos bajan por su pecho descubierto, solo lleva un mono de mezclilla y un pequeño paño en su mano, dejando a la vista sus perfectos abdominales y brazos bien ejercitados, además de la clara hilera de sus tatuajes en su brazo derecho. Imagino que acaba de salir del gimnasio de la casa. Su cabello húmedo y desordenado lo deja bastante claro. Sus perfectos abdominales bien marcados y trabajados descubiertos, mientras pequeñas gotas de sudor bajan por el, y la elástica de su boxer blanca con letras negras marcando la perfecta V que se forma al final de su abdomen. ¿¡Dios por qué tiene que estar tan bueno!? Aparto mi vista de su bien trabajado cuerpazo, me siento como una pervertida mirándolo y estas no son las mejores circunstancias para querer violarlo con la mirada. Escucho su sonrisa de imbécil más marcada en su perfecta mandíbula cuadrada. — Hermosa vista, imagino que tu debes tener la misma.— Ruedo los ojos con fastidio y molestia al escuchar el sonido de diversión en su perfecta voz burlándose de mí. — Ya largo Tristan.— Lo desafío con la mirada, no quiero que vea lo mucho que me afecta su cercanía o el hecho de su cuerpo semidesnudo cerca del mío. El da el último paso hacia mi recortando la distancia entre nosotros, mientras apoya sus manos a mi lado sobre mi escritorio. Mientras yo termino casi que de sentarme sobre mis libros. — Tristan— Chillo. Él sonrie abiertamente mostrando su perfecta dentadura._ Ambar._ Su voz es divertida. — Acaso hablo c***o que no entiendes, ¡Largo de mi habitación!— Chillo nuevamente, no lo quiero cerca de mí. Mucho menos en estas circunstancias solo nubla mi razón. — Tu me debes muchas pequeña rubia chillona, y es hora de cobrarte— su sonrisa de diversión no desaparece. — Ya largo Intr.... No termino de insultarlo cuando él mete su cara en mi cuello y comienza dejar besos mojados en él sin ningún remordimiento. Mi respiración se detiene y quedo inmóvil por la impresión sin saber qué hacer. Mi corazón comienza acelera rápidamente con la sensación de su cuerpo pegándose al mío y sus besos, un jadeo sale de mis labios cuando su cabello húmedo y desordenado roza mi cuello, intento no temblar pero es inútil mis piernas parecen gelatina tan solo por sus roces y cercanía, mientras mi respiración se torna pesada. No entiendo por qué no intento alejarlo. Simplemente estoy en shock. Su respiración caliente acaricia mi cuello despertando mis hormonas y poniéndolas por el cielo, intento alejarlo pero es inutil no puedo usar mis manos, porque sino se cae mi paño y eso seria peor. Él se inclina más y usa su mano libre sosteniendome de mi cintura con fuerza para que no me mueva, dándole un pequeño apretón, mandando unos escalofríos bastante electrizante y seductores por todo mi cuerpo lujurioso. Sin darme cuenta hecho mi cabeza hacia atrás para darle más espacio y un par de gemidos escapan de mi boca sin poder evitarlo. — Tristan— Gimo en su oído y lo siento estremecerse, nuestros cuerpos pegados y mojados no ayudan mucho. Él gruñe en mi oído y lo siento ponerse duro como roca en mi abdomen bajo. Demasiada tensión s****l. Intento alejarlo pero es inútil su cuerpo es mucho más grande que el mío y su fuerza es mayor. Tampoco es que yo haga ya mi mayor esfuerzo, sus caricias y lamidas no me dejan pensar ni siquiera puedo evitar querer aferrarme a su cuerpo por la deliciosa sensación que se forma en mi cuerpo haciéndome estremecer. Pero mando mi conciencia a la mierda junto con mi razonamiento y me olvido de todo y disfruto de los besos de Tristan en mi cuello llevándome a la locura, deja pequeños besos húmedos a lo largo de mi piel, hasta que llega a el lóbulo de mi oreja y lo chupa ligeramente dándole un pequeño mordisco, Mis piernas de gallina tiemblan y siento que si no fuera por su mano en mi cintura y que estoy sentada en el escritorio estaría en el piso. ¿Qué mierda me está haciendo? Estoy temblando y soltando incoherencias por mi boca, mientras pequeños hilos de placer mezclados con la lujuria y el deseo me dejan sin aliento, con el corazón acelerado como loco y la cabeza hecha un lío. Una pequeña presión nace en la parte baja de mi vientre, no puedo creer que estoy tan mojada y con las hormonas por los cielos por tan solo unos besos y roces en mi cuello. Su respiración se acelera tanto como la mía, él está tan afectado por esto como yo, claro que yo soy la que está en paño, y totalmente desnuda bajo este, el no, aprieto más el agarre de mi paño en mi pecho, cuando siento que besa un lado de mi cara y se sigue moviendo a través de mi mejilla, hasta que siento la presión de sus labios en la comisura de los míos. Abro mi boca en anticipación esperando ese beso con más anhelo del que quisiera admitir. Pero se detiene, todo acaba, y él se aleja de mí de golpe. Abro mis ojos y veo cómo su pecho sube y baja por todo lo del momento, pero aun así lleva su típica sonrisa arrogante en sus labios. — Tan desesperada estás porque te bese Ambar, que cliché— Se burla él idiota con su sonrisa de victoria. Mi mente nublada por el deseo comienza a ver con claridad la situación, devolviendome a la clara realidad, el solo estaba jugando conmigo. Su sonrisa no desaparece, pero ahora que mi mente se esta aclarando la rabia inunda todo mi cuerpo y en vez de estar casi derretida por el placer de sus besos las ganas inmensas de arrojarlo por mi balcón se hacen gigantes. Me siento más patética que nunca en la vida. Y ahora un apretón en mi pecho me roba el aliento, pero contengo las ganas inmensas que tengo de llorar. Jamas permitiria que este idiota me viera de esa forma. No quiero que vea que me ha lastimado. — Largo— Susurro agachando la cara mirando mis pies conteniendo mis lágrimas. — Disculpa no te oí ¿Qué dijiste?— se burla Tristan, aunque se muy bien que me escucho claramente bien. Y solo eso me lleva al límite de mi paciencia, y solo quiero estrangularlo ahora. ¿Cómo alguien puede ser tan imbécil? — ¡Que te vayas idiota!, ¡lárgate de mi vida, de mi casa! ¡Y de mi cuarto intruso!— Grito a todo pulmón conteniendo mis ganas de llorar. — Claro Princesa— su risa ronca inunda el silencio que se hace, solo el sonido de nuestras respiraciones agitadas es presente, escucho sus pasos, pero no me atrevo a subir la mirada para verlo marcharse. Subo la mirada lentamente y ya no esta en mi habitación, camino furiosa a la puerta y cierro de un portazo azotando la puerta con furia. — ¡Te odio Tristan Evans, Te odio!— Grito mientras las lágrimas caen por mi rostro humedeciendolo completamente.
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