La inevitable muerte… Con la llegada de nuestro primer nieto descubrimos que no habíamos sido los mejores padres del mundo. Nos faltó darle amor a nuestros hijos, sin embargo teníamos la oportunidad de rehacer eso con nuestro primer nieto. Bueno y todos los que llegaron después. Amábamos cada ocurrencia de los niños y gastábamos sin miedo en cosas para complacerlos. Nos moríamos de la dicha cuando Matheo nos abrazaba y nos decía: —“Son los mejores abuelos del mundo” —Con sus pequeñas manitas se trepaba a nuestros brazos y volvíamos a ser como niños. El segundo nieto fue una hembra. Ese día estuvimos presente en el parto de Victoria, la llamaron Martina. Sufrimos mucho con sus dolores de parto que duraron veinticuatro horas. Cuando por fin nació pudimos descansar y fuimos los primero
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


