—¿El cuchillo más afilado de Chicago… Gabriel? Camila negó con la cabeza, rechazando de inmediato la idea. —No. Ya conoces al señor Montalbán. ¿Cómo podría manipularlo? ¿Usarlo? ¡No puedo hacer algo así! —¿Usarlo? Camila, ¿te funciona el cerebro? —replicó Mary con impaciencia—. El señor Montalbán es tu marido. No lo estás “usando”. Tu matrimonio con él es el cuchillo que el destino te dio. Con el arma más afilada de Chicago en tus manos, ¿cómo puedes seguir sin saber qué hacer? Cuando eras solo Camila, cualquiera podía pisotearte. Pero ahora eres la esposa del señor Montalbán. ¡Puedes hacer lo que quieras! Las palabras de Mary cayeron como un trueno en el corazón de Camila. Era cierto. El destino le había entregado el arma más poderosa. Si no la utilizaba, sería un desperdicio. Gabri

